El Alfil Negro

LA CAJA CHINA DE TRUMP

Por Ramón Ortiz Aguirre

«Est miser nemo nisi comparatus»
(Nadie es desgraciado sino por comparación)

Séneca

Gracias al cine y la literatura muchos hemos logrado entender el concepto de las teorías conspirativas de diferente origen y magnitud, nos hemos percatado que estos movimientos de paranoia y sospecha se dan en cualquier lugar del mundo, y que el mayor porcentaje de ellos se relacionan con actividades y eventos políticos.

Para tener claro cómo funciona una teoría conspirativa en el campo de la política, primero debe entenderse que siempre se origina en la desconfianza. Ante alguna situación o suceso que parezca extraño, el paranoide afirmará que existe una conspiración planeada por grupos o individuos siniestros y poderosos que quieren afirmar su posición y su forma de actuar en el mundo. Su objetivo, se entiende siempre, es obtener más poder, riqueza y posición de indispensabilidad para el desarrollo de su país u organización. En la consecución de estas metas, a los presuntos conspiradores no les interesa nada aplastar a otras personas y sembrar la incertidumbre.

Sean falsas o no, las teorías conspirativas no deben confundirse con las conspiraciones reales que siempre han abundado en el campo de lo político. Las teorías son sólo discursos que funcionan igual que los relatos de ficción. Por todas estas razones, las teorías conspirativas suelen tener connotaciones negativas. Una de sus consecuencias más graves, por ejemplo, es la creación o perduración de prejuicios políticos y sociales basados en convicciones emocionales o pruebas insuficientes.

Un personaje contemporáneo que participa y es participado de muchas teorías de conspiración es el señor Donald Trump. El presidente norteamericano es experto en violar los derechos humanos, en provocar guerras, en perseguir a inocentes indocumentados y en andar buscando mil pretextos para iniciar una guerra mundial. En estos días parece que quiere ganar un premio Oscar y hacerse el sufrido porque hombres malvados intentan matarlo, aunque él y su sistema de seguridad sean “impenetrables”, según dice. ¿Hay una verdadera conspiración para desaparecerlo o él está conspirando para engañar al mundo?

Durante su campaña presidencial, el 13 de julio del 2024, Trump sufrió un primer atentado. Para gran parte de la prensa crítica internacional, todo eso fue fingido para que sus seguidores lo consideraran un protegido de Dios; un enviado que no puede morir y por eso salió airoso en Butler, Pensilvania, cuando Thomas Matthew Crooks solo alcanzó a herirle levemente en la oreja derecha. Las autoridades informaron que el agresor disparó desde una posición elevada con un fusil semiautomático AR-15 y fue abatido por un integrante del equipo de respuesta rápida del Servicio Secreto.

Con excepción del rozón en su oreja, Trump salió ileso y fue retirado de inmediato. Después de los hechos, nadie explicó nunca dónde quedó la bala, ni por qué una ojiva de ese calibre no le desprendió la oreja. ¿De verdad la bala no impactó en ninguno de los miembros del Servicio Secreto o a alguna de las personas asistentes al mitin? Las fotografías muestran al entonces candidato sólo con la oreja manchada levemente de sangre, pero nada serio. En otra foto del mismo instante, se le ve con el puño levantado mientras lanza consignas, lo que hace una composición verdaderamente impactante.

Los desconfiados sabemos que hay una infinidad de formas de fingir una herida y que para eso se pintan solos los señores de efectos especiales. Si la herida fuera seria y verdadera, creemos que se le habría desprendido una parte de la oreja y estaría sordo temporalmente del oído derecho, pero nada de eso sucedió. A los 2 días andaba muy contento en la asamblea republicana y sólo traía en la oreja un pequeño trozo de gasa detenido con cinta médica adhesiva.

Recientemente, el pasado 25 de abril, mientras se llevaba a cabo la cena anual para los corresponsales en la Casa Blanca en el hotel Washington Hilton, se escucharon unos disparos al momento de los brindis. En las grabaciones apenas si se alcanza a percibir un poco de ruido, lo que nos hace suponer que eran de un arma de bajo calibre. La mayor parte de los invitados se dejaron caer al piso para ponerse a salvo, mientras agentes secretos evacuaban al presidente, al vicepresidente y demás ocupantes del presídium.

Los video muestran un despliegue de agentes de seguridad por todo el salón y en menos de lo que canta un gallo ya se informó que ya habían atrapado al agresor: un hombre joven, semidesnudo y esposado reducido en el piso. El vocero de la Casa Blanca y el propio Trump ofrecieron explicaciones casi inmediatamente, pero para todos quedan todavía muchas dudas. ¿Cómo ingresó un hombre armado hasta el salón de la fiesta? ¿ Por qué estaba semidesnudo? ¿Se tratará de un atacante plantado? ¿Esto ocurrirá nuevamente?

A las muchas dudas existentes se les suma el problema de si este evento es o no una caja china. Este término, "caja china", tiene tres significados principales. Puede ser una estrategia política de distracción, igual que el término “cortina de humo”; también un utensilio de cocina portátil para asar carnes; así como una técnica literaria de relatos enmarcados. Es una estrategia parecida a lo que en el ajedrez se le conoce como “Bluff”, el sacrificio de una torre o un alfil con el fin de exhibir la debilidad o terquedad del adversario. Los “atentados” contra Trump serán sólo una jactancia para impresionar o engañar al oponente.

Sea como fuere, lo que sí nos queda claro es que los guionistas de la vida y acciones de Mr. Trump, se esfuerzan mucho en desviar la atención para que su señor no le pasen factura las salvajadas que ocasiona, ni cómo intimida a otros presidentes. Micho menos cómo cuida los expedientes del caso Jeffrey Epstein.

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Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.

RAMÓN ORTIZ AGUIRRE

ramon.ortiz.aguirre@gmail.com

Originario del Centro Histórico de San Luis Potosí, Profesor Investigador de la Facultad de Ingeniería de la UASLP y Jefe de la División de Difusión Cultural de la misma institución, actualmente jubilado. Especialista en agua y medio ambiente.

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