El Alfil Negro
AMENAZAS PREOCUPANTES
Cuatro Jinetes del Apocalipsis, por Viktor Vasnetsov (1887).
Por Ramón Ortiz Aguirre
“Post equitem sedent atra cura”
(En la grupa del caballero, cabalga la negra preocupación)
Horacio
El mundo ha entrado en un estado de alarma ante la inminente amenaza de un nuevo conflicto armado de alcances globales. Esto constituye un llamado a la reaparición generalizada de los cuatro jinetes del Apocalipsis. No exagero: esa es una amarga realidad que la humanidad no había vivido desde aquel primero de septiembre de 1939, día en que las tropas de la Alemania nazi invadieron Polonia con el fin expreso de anexar su territorio, bajo la operación llamada Fall Weiss.
La agresión a Polonia fue la primera de las ofensivas bélicas que Hitler emprendió. Fue un ataque relámpago que aplicó toda la superioridad militar a través de la famosa técnica Blitzkrieg, inventada por el general Heinz Guderian. Se basaba en un movimiento rápido de los blindados y la máxima potencia de fuego brutalmente aplicada. A partir de ese momento, la sed guerrera de Hitler y su deseo de apoderarse del mundo destaparon la caja de Pandora, dejando heridas que, ochenta años después del fin de la gran guerra, no han podido cerrar del todo.
En pleno año 2026, un hombre desquiciado, con una sed de poder incontrolable y un cinismo tan grande como su ego, ha decidido que es su momento. Cree que puede aspirar a anexar territorios, riquezas naturales y la voluntad de muchos que piensan como él. Ha decretado como enemigos a todos aquellos que no comparten su sed expansionista terrenal y económica. Su pretexto es muy simple: él dice ser el principal defensor de la democracia y el libertador de los pueblos.
En su anterior periodo como presidente de los Estados Unidos, ya había amenazado y vociferado, pero no le alcanzó el tiempo para tomar todo lo que pretendía. Ahora que tiene una segunda oportunidad, se ha rodeado de un grupo de políticos expansionistas que constituyen su gabinete, a los que bien podemos equiparar con figuras como Göring, Himmler, Mengele, Hess, Goebbels o Ilse Koch.
Comenzó el año actuando como un pirata del Caribe: tomando barcos petroleros y hundiendo lanchas donde, asegura, viajaban traficantes de drogas. La noche del 3 de enero capturó al mandatario Nicolás Maduro, a quien llevó hasta Nueva York para ser juzgado. Todo esto en nombre de la supuesta democracia que él vigila a nivel global.
Pero lo de menos fue la captura del presidente venezolano. Una y otra vez ha hecho énfasis en el valor del petróleo y las riquezas naturales y minerales de Venezuela. Anuncia con bombo y platillo que él personalmente las va a administrar, pasando por alto lo que señala la constitución de su propio país. No contento con lo logrado, amenazó con la anexión de Groenlandia, sin importarle en lo más mínimo lo que se dice en el mundo entero y mucho menos la soberanía de Dinamarca, reino al que pertenece dicho territorio.
Otro de sus objetivos inmediatos es lo que él ha llamado "la libertad de Cuba". Ahora ha aislado a la isla de la recepción del petróleo venezolano y otros bienes que el gobierno bolivariano le proporcionaba. No conforme con eso, a través de un senador de Florida, se han puesto a exigirle a México un balance de las inversiones comerciales que se tienen en la isla antillana.
En una de sus más recientes declaraciones, ha amenazado con atacar a los cárteles mexicanos por vía terrestre. Aquí no habla de ataques marinos ni del uso de la fuerza aérea: "el hombre naranja" quiere que sus tropas nos invadan por tierra. Por supuesto, lo que menos le interesa es combatir a los traficantes de droga. Él quiere ver qué se puede anexar y qué puede robar, para después anunciar que él personalmente lo administrará.
Ante las amenazas de Donald Trump, hemos visto cómo la mayor parte de la oposición política al gobierno de Morena —en lugar de protestar o elevar su voz en los foros internacionales— se ha dedicado a aplaudir esta intención del presidente yanqui. Algunos hasta se lo suplican abiertamente. Lo mismo sucede con la gran mayoría de los "comentócratas" que han dejado de recibir beneficios personales (o para sus medios) desde Palacio Nacional. Estas personas tienen seguidores que se dejan llevar por lo que escuchan de quienes admiran; aplauden a rabiar las políticas de Trump y le piden que, por favor, ya nos invada y, si es posible, nos anexe a la mayor brevedad.
Quienes aplauden y piden eso, ¿tendrán la mínima idea de lo que significa y de sus consecuencias? Por supuesto que no. No tienen la más remota idea de lo que celebran. No razonan que un ataque a los llamados cárteles no es lo que ellos van a realizar. Probablemente maten a algunos líderes narcos e incauten sus tierras, pero los daños colaterales serán de una magnitud impensable y, como siempre, la población inocente estará en medio del fuego cruzado.
Si Mr. Trump tanto defiende la democracia y desea erradicar el consumo de drogas, ¿por qué no comienza en su propio país? ¿Por qué nunca se ha sabido de cárteles gringos cuyos líderes sean detenidos y sentenciados? ¿Por qué no deja de permitir el tráfico de armas a México? ¿Por qué no establece programas preventivos reales contra el consumo de estupefacientes?
Hoy tienen en las cárceles de EE. UU. a varios narcos mexicanos y a García Luna, el máximo capo de la droga. Si la DEA y otras agencias han declarado esta semana que durante los gobiernos de Fox y Calderón se incrementó el tráfico y se conformó un narcoestado, ¿por qué no los detienen y los llevan —como a Maduro— a una corte en Nueva York? Deberían investigar a fondo y dejar de andar amenazando con invadirnos.
Sería bueno que alguno de sus asesores le cuente a Donald Trump —y a los fascistas mexicanos— un poco de historia. Si bien los gringos nos han invadido varias veces y nos han robado más de la mitad del territorio, en la última incursión, denominada la “Expedición Punitiva” (cuando sus tropas venían a capturar a Pancho Villa), perdieron. Se tuvieron que regresar con la cola entre las patas, pues no pudieron capturar al Centauro del Norte.
Sería muy bueno que todos los que aplauden las declaraciones de Trump entendieran una cosa: si nos invaden, no establecerán ninguna democracia ni nada que se le parezca. Seguirán necesitando visa para ir a Disneylandia, serán ciudadanos de cuarta categoría y, de seguro, serán discriminados.
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Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.
RAMÓN ORTIZ AGUIRRE
Originario del Centro Histórico de San Luis Potosí, Profesor Investigador de la Facultad de Ingeniería de la UASLP y Jefe de la División de Difusión Cultural de la misma institución, actualmente jubilado. Especialista en agua y medio ambiente.