El Alfil Negro

DIJO MI MAMÁ QUE SIEMPRE NO

Por Ramón Ortiz Aguirre

"Novissima voluntas servatur"
(La última voluntad es la que prevalece)

Principio de Derecho Civil

Un buen día del mes de diciembre de 2025, los integrantes del Consejo Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (CEEPAC) de San Luis Potosí, amanecieron con el espíritu navideño a flor de piel. En una de sus sesiones de trabajo, nos entregaron a todos los potosinos un “majestuoso” regalo: propusieron que, para el periodo electoral de 2027, única y exclusivamente se pudieran postular mujeres para acceder a la gubernatura estatal.

 

Este extraordinario gesto de igualdad fue estructurado, según ellos, para lograr que en estos tiempos de cambio nos gobernase una dama. Apenas presentaron su propuesta al Congreso, los muy respetables y honestos diputados potosinos convocaron a una reunión extraordinaria con carácter urgente para aprobar la citada ley. Así fue como, muy temprano —y antes de acudir a sus servicios religiosos y a desayunar con singular apetito—, nuestros legisladores se presentaron en el recinto inmaculadamente vestidos.

 

Estaban listos para votar esa ley tan bonita y equitativa que eliminaba, de golpe y porrazo, uno de los puntos medulares de nuestra democracia. Y es que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala que todos los ciudadanos, sin importar el género, tienen derecho a votar y ser votados; sin embargo, con la ya denominada “Ley Esposa”, quedaba hecha de lado cualquier propuesta de un candidato del género masculino.

 

En esa pomposa reunión en el Congreso comenzó la presentación de la iniciativa. Ni tardos ni perezosos, la mayor parte de los legisladores levantaron al unísono su manita, indicando la aprobación a tan bella propuesta. Los únicos que votaron en contra fueron los legisladores de Morena, apegados al mandato de la presidenta Claudia Sheinbaum de que no debe buscarse ni la reelección ni heredar los puestos políticos.

 

En total: 19 votos a favor y 8 en contra. ¿Por qué votaron a favor algunos diputados de oposición? Es fácil deducirlo. Desde el Palacio de Gobierno, situado a unos cuantos pasos del Congreso, surgió una tajante instrucción fundamentada en el deseo de que la señora Ruth González, esposa del gobernador Ricardo Gallardo, se convirtiera en la legítima heredera del cargo. Algo así como la sucesión en los reinados europeos.

 

Se rumora que los votos no fueron otorgados simple y sencillamente por quedar bien con el titular del Ejecutivo. ¡No señor! Esos votos fueron entregados en pago a los obsequios recibidos en la pomposa posada escenificada en el Museo del Laberinto de las Ciencias y las Artes, así como por la promesa de alguna reelección o designación en el futuro gobierno de la señora Ruth.

 

Los más malpensados señalan que el voto a favor pudo ser aceitado con algunos favores económicos. Vaya usted a saber cómo fue que ese bodrio de ley terminó siendo propuesto y aprobado. El gobernador se deshizo en halagos hacia los miembros del CEEPAC y los diputados por la "revolucionaria" ley. Según él, venía a mostrarnos como una sociedad única y equitativa en toda la república, importándole poco o nada lo señalado por la presidenta Sheinbaum y la petición formulada para que el exministro Arturo Zaldívar evaluara constitucionalmente la procedencia de la norma.

 

Para afianzar su propuesta, mandaron por delante al diputado del Verde, Héctor Serrano, quien se deshizo en aplausos y elogios. No debemos olvidar que este señor no es potosino y que llegó al "gran tunal" procedente de la Ciudad de México, donde se distinguió por sus manejos un poco extraños; aquí, sin embargo, fue adoptado y es tratado como si fuera un semidiós.

 

Luego trajeron al senador por el Partido Verde, Luis Armando Melgar—quien tampoco es potosino ni senador por San Luis—, quien en un plan bravucón señaló que el Verde no va con Morena y que la futura gobernadora sería la señora Ruth González de Gallardo. El gobernador siguió en ese mismo plan y, haciendo de lado las recomendaciones federales, nos decía que la ley "iba porque iba" y que el Verde seguiría gobernando estas tierras.

 

Pero llegó enero. De pronto, teniendo como fondo un librero sin libros y vestido de manera informal —portando una cachucha y chamarra negras, no sé si en señal de luto—, salió el gobernante verde a dar un mensaje. Nos dijo que, ejerciendo las facultades que las leyes le otorgan, vetaba la “Ley Esposa”.

 

Dijo desecharla para evitar malentendidos y las crecientes críticas de nepotismo, asegurando que esa disposición no afectaba de ninguna manera que el Verde continuara en el gobierno estatal, ya que ellos tenían un puñado de hombres y mujeres con amplios conocimientos y moralidad para acceder a la gubernatura.

 

¿Qué lo llevó a recular? Hay varias teorías. Desde un severo jalón de orejas desde Palacio Nacional, hasta la advertencia de la Suprema Corte de Justicia de que esa ley, sin visos constitucionales, sería derogada —lo que traería una exhibición de la nula asistencia legal del Ejecutivo potosino. Otros dicen que surgió una advertencia desde el Palacio de Cobián, donde despacha la potosina Rosa Icela Rodríguez Velázquez. Y no faltan los comentarios de que también ha emitido su punto de vista la abogada Ernestina Godoy, titular de la Fiscalía General de la República.

 

Como quiera que sea, se ha dado marcha atrás a una ley que, lejos de beneficiar al pueblo de San Luis Potosí, lo llevaría a seis años de oscurantismo. Vaya usted a saber si en ese proyecto se tenía considerado el establecimiento de una monarquía en tierra de guachichiles.

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Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.

RAMÓN ORTIZ AGUIRRE

ramon.ortiz.aguirre@gmail.com

Originario del Centro Histórico de San Luis Potosí, Profesor Investigador de la Facultad de Ingeniería de la UASLP y Jefe de la División de Difusión Cultural de la misma institución, actualmente jubilado. Especialista en agua y medio ambiente.

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