El Alfil Negro
EL ANFITRIÓN DE LA COPA
Por Ramón Ortiz Aguirre
«Oneroso honor»
(Honor oneroso)
Sidonio Apolinar
En los días que tiene jugándose la Copa del Mundo de futbol, hemos escuchado insistentemente en todas las transmisiones de televisión y radio que México es anfitrión del Mundial por tercera vez y que no existe en todo el planeta una mejor afición. Consecuentemente, presumimos mucho de ser los mejores anfitriones.
¿Lo somos realmente? En las transmisiones vemos a una afición futbolera entercada en hacer ridiculeces, disfrazarse y por supuesto derrochar su dinero en bien de la FIFA. No importa la calidad de juego del seleccionado nacional, los fanáticos siguen y seguirán llegando al estadio con penachos, trajes de danzante, máscaras de luchadores, enormes banderas mexicanas y banderines de sus equipos predilectos.
Personalmente, mi fanatismo no pasa de ponerme la playera verde de la Selección cuando me reúno con mis amigos en el club para ver la transmisión del encuentro futbolero. Sin embargo, interesado en ver cómo vive este evento “la mejor afición”, hice un recorrido por varios puntos de la ciudad para preguntar si conocían el significado de la palabra “anfitrión” y lo más aproximado que algunos me contestaron fue que se trataba del que organiza una fiesta o los que siempre van a ver su deporte favorito.
No se equivocan. Según Wikipedia, un “anfitrión” es la persona que convida a una celebración, comida o cena en su casa, o bien paga los gastos de la celebración en otro punto. Etimológicamente, el término proviene de una comedia de Molière, el famoso dramaturgo francés. En su obra “Anfitrión”, el criado Sosias pronuncia la siguiente frase con motivo de un banquete en la escena final: “El verdadero anfitrión es aquél en cuya casa se come”. Eso sí, como siempre ocurre en la literatura neoclásica, el origen del nombre no se le ocurrió al también autor de “El avaro”, sino que proviene de la mitología griega.
En el mundo clásico, Anfitrión fue un hijo de Alceo y de Astidamia, que luego se casó con su prima Alcmena, hija del rey Electrión, de Micenas. Después de matar a su suegro por error, lo expulsaron de la ciudad antes de consumar el matrimonio. Se fue con su esposa hasta la ciudad de Tebas, donde fue purificado por Creonte, pero no pudo consumar su matrimonio porque su esposa se lo negó hasta que vengara a sus ocho hermanos, que habían sido asesinados por los hijos del rey de la isla de Tafos.
Así que Anfitrión se fue a la guerra contra Tafos y, como suele suceder en el panteón, griego, ¡Zeus aprovechó para acostarse con Alcmena! Asumió la forma y la apariencia del marido ausente y ordenó al sol que detuviera su curso por setenta y dos horas para permitirse una larga noche de amor con ella. Alcmena, por supuesto, no sabía que estaba siendo engañada pues creía estar amando a su marido. A su regreso, Anfitrión se enteró de lo ocurrido gracias al adivino Tiresias. En venganza, el marido engañado intentó quemar viva a su mujer, pero Zeus no lo permitió y, resignado, a Anfitrión no le quedó más que tener su postergada luna de miel con Alcmena. De tantas noches de amor, Alcmena engendró dos hijos: Hércules), hijo de Zeus, e Íficles, hijo de Anfitrión.
En el siglo segundo antes de Cristo, Plauto convirtió esta tragedia divina en una comedia humana, inspirando muchos siglos después a Molière, quien en 1668 también retomó la idea de un Anfitrión guerreando contra sus enemigos mientras Zeus hacía el amor con su mujer. Con o sin jiribilla, por esta razón le llamamos “anfitrión” a quien recibe invitados en su casa y acepta los abusos de confianza de sus huéspedes.
Claro que no es apropiado quedarnos con el origen estricto de las palabras para entender su significado presente. Nadie que use el término “anfitrión” hoy en día se refiere a esta historia de poquedad ante el abuso. Sin embargo, a veces creo que sí vale la pena pensar en los contextos históricos y mitológicos originales para interpretar nuestros comportamientos presentes. Por ejemplo, si es cierto eso de que la afición futbolera mexicana es insuperable y somos los mejores anfitriones per secula seculorum, ¿es conveniente negarnos ante el abuso económico y político que hemos permitido por parte de los organizadores del tal Mundial?
¡Sigue nuestro canal de WhatsApp para más noticias! Únete aquí
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.
RAMÓN ORTIZ AGUIRRE
Originario del Centro Histórico de San Luis Potosí, Profesor Investigador de la Facultad de Ingeniería de la UASLP y Jefe de la División de Difusión Cultural de la misma institución, actualmente jubilado. Especialista en agua y medio ambiente.