El Alfil Negro
DÍA DEL TRABAJO
Por Ramón Ortiz Aguirre
«Qui mori didicit, servire dedidicit»
(Quien sabe morir, no sabe ser esclavo)
Para muchos, el 1 de mayo no es más que un día festivo; un descanso oficial que permite faltar a la escuela y al trabajo. Es un día de asueto obligatorio para aquellos que no tengan que ir a desfilar a los eventos oficiales, y que al mismo tiempo otros utilizan para salir a ganar la calle con protestas por las condiciones laborales y las carencias que sufrimos los empleados. Este es un fenómeno que se repite año con año en todos los países del mundo. ¿En todos? ¡No! No se recuerda en los Estados Unidos, a pesar de que el motivo de la conmemoración ocurrió precisamente ahí.
Entre 1760 y 1840, aproximadamente, se dio un fenómeno que vino a cambiar la configuración del mundo y el quehacer de los hombres, quienes comenzaron a vivir en una nueva etapa de esclavitud. En ese periodo se presentó una transformación radical que cambió el modelo de la economía agraria y artesanal. Esto se dio por la aparición de la industria con patrones de producción en serie, y la explotación intensiva de las minas al contar con nueva maquinaria, así como con procesos de extracción y beneficio de los minerales. Detrás de todo esto apareció el ferrocarril con sus potentes locomotoras. Así fue como se inició una de las mayores transformaciones de la humanidad, que impulsó la urbanización, el capitalismo y el transporte, entre otras muchas cosas.
Durante la Revolución Industrial, los trabajadores eran explotados por los dueños de las empresas, quienes buscaban tener ganancias y más ganancias sin importarles las condiciones de trabajo ni la salud de sus empleados. Tampoco les interesaba si tenían una vivienda digna o si contaban con los servicios básicos. Si alguno de sus empleados moría, no concernía; su familia no tenía ningún tipo de seguro o prestación que le sirviera de apoyo. No les preocupaba, porque bien sabían que abundaba la mano de obra barata y explotable.
El 1 de mayo de 1886 se originó un movimiento desde el interior de un sindicato en los Estados Unidos. Los trabajadores pedían laborar exclusivamente 8 horas al día, toda vez que, sin importar sexo ni edad, tenían que trabajar un mínimo de 12 a 18 horas en condiciones precarias. Fue así como miles de trabajadores iniciaron una huelga general en la que exigían: 8 horas de trabajo, 8 para el sueño y 8 para dedicarlas a su hogar. La huelga se prolongó por varios días.
En ese contexto, durante una manifestación en Chicago el 4 de mayo, una bomba lanzada contra la policía trajo consigo una sangrienta respuesta que causó la muerte de una gran cantidad de obreros y de algunos guardianes del orden. Varios líderes sindicales fueron detenidos, juzgados sin garantía alguna y posteriormente ejecutados, convirtiéndose en el símbolo de la lucha obrera.
Unos años después, en 1889, el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional de París, declaró el 1 de mayo como el Día Internacional de los Trabajadores. El gobierno de México también aceptó y adoptó la fecha, misma que se comenzó a festejar en mayo de 1913 gracias a la decidida participación de la Casa del Obrero Mundial, que organizó un gran desfile y un acto cívico.
En EE. UU., a pesar de que podría considerarse como la cuna del Día del Trabajo, debido a los eventos sucedidos el 4 de mayo en Haymarket, Chicago, decidieron no abrazar esa fecha como motivo de conmemoración. Esto se debió a que el reconocimiento del martirio obrero lo iniciaron los frentes socialistas y populares de los distintos continentes. Para no asemejarse a sus temidos comunistas, los norteamericanos han decidido celebrar algo parecido llamado “Labor Day”, todos los primeros lunes de septiembre. En desapego con el interés internacional por recordar los esfuerzos de la lucha obrera, en algunos estados a esa festividad mejor le llaman “día del trabajador estadounidense” e incluso “fin del verano”.
En nuestro San Luis Potosí, este año de 2026 el señor Ricardo Gallardo —quien debería trabajar al 100% como gobernador, pero dedica mayor tiempo a ser promotor de conciertos y bandas gruperas, además de la FENAPO— se llevó una mayúscula sorpresa. Llegaron hasta la Plaza de los Fundadores contingentes del magisterio potosino. Allí estaban integrantes de las secciones 26 y 52 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), la Federación de Sindicatos de San Luis Potosí (FEDES) y el Sindicato de Trabajadores del Instituto Tecnológico de San Luis Potosí (ITSLP), entre otros muchos trabajadores.
Se movilizaron porque ya están ya hartos de la forma en que son tratados. Hartos de cómo manejan las recategorizaciones, de los mínimos aumentos de sueldo, de que se les descuente el ISR de su nómina y el Estado no lo transfiera al SAT, y del caos imperante en Pensiones del Gobierno del Estado. Muchos tienen temor de protestar abiertamente en sus centros de trabajo o en la Oficialía Mayor del gobierno estatal, porque bien saben que los “congelan”, los cambian de adscripción o de plano los despiden.
¿Pero qué más pueden hacer? Además, están también hasta la coronilla de que los obliguen a afiliarse al Partido Verde y de que los lleven como acarreados a los actos políticos del gobernador y su consorte. Y así, una infinidad más de elementos por los cuales muestran su inconformidad.
En su reciente informe, el oculista Alejandro Zermeño —quien ostenta el cargo de rector de la UASLP— señaló una vez más las penurias económicas que padece la comunidad universitaria y cómo el gobierno del estado no reacciona ante nada, manteniendo un franco enfrentamiento con la máxima casa de estudios. Entonces me pregunto: ¿por qué el rector y los sindicatos no llaman a ejercer presión sobre un gobernante que ha demostrado que nada le importa la educación? Los universitarios somos trabajadores y formamos a los futuros trabajadores.
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Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.
RAMÓN ORTIZ AGUIRRE
Originario del Centro Histórico de San Luis Potosí, Profesor Investigador de la Facultad de Ingeniería de la UASLP y Jefe de la División de Difusión Cultural de la misma institución, actualmente jubilado. Especialista en agua y medio ambiente.