El Alfil Negro
FALSAS ESPERANZAS
Por Ramón Ortiz Aguirre
“Spes servat aflictos”
(La esperanza es el sostén de los que sufren)
Cuando camino por la ciudad o entro en un café, voy a la universidad o a cualquier otro lugar, escucho cómo mucha gente tiene fundadas esperanzas en que las cosas van a mejorar; confían en que, por fin, habrá orden en este país desquiciado y surrealista. Otros tienen la ilusión de que su equipo de futbol o la selección nacional sean campeones, para entonces salir a festejar en todo lo alto y dejar de trabajar unos días por celebrar tan gloriosa meta.
Existen los ilusos que confían en que aquel muchacho o muchacha, su amor platónico, responderá a su llamado para ser inmensamente felices. Otros más tenemos el deseo de sacarnos la lotería o el Melate y dejar de preocuparnos por la falta de dinero, sea permanente o temporal. En fin, hay muchas ilusiones que vienen siendo el sostén de nuestra fe; un sueño que parece que se verá cumplido. ¿Pero qué es en sí la esperanza y cómo influye en nuestra vida?
Pues bien, la esperanza es un estado de ánimo y una virtud que representa la confianza firme en lograr lo que se desea, o en que las cosas mejorarán en el futuro. Actúa como motor de vida. Implica un anhelo positivo, a menudo sin certezas, y se relaciona con la resiliencia y la expectativa de un resultado favorable.
Con el triunfo de la 4T, muchos tuvimos la ilusión de que las cosas mejorarían en México. Y si bien hemos tenido avances sustanciales en algunos aspectos, en otros hemos visto cómo, hasta el día de hoy, no se han cumplido promesas ni se ha interpretado el sentir de la población. Entonces viene el desencanto.
¿En quién confiar? Volteamos a ver y nos percatamos de que, en los partidos de la oposición, no se tiene ningún programa de servicio real a la comunidad. El único espíritu que impera es el de enriquecerse a la mayor brevedad y regresar al poder absoluto, sin efectuar un trabajo real ni dar un verdadero apoyo a la población.
Algunos políticos han tomado como pretexto dar diversas dádivas para comprar voluntades. Convierten a los ciudadanos en seres cuya única ilusión es recibir, periódicamente, una cachucha de mala manufactura, una playera corriente, una mochila del color del partido gobernante y una despensa con productos de ínfima calidad.
Algunos, más "magnánimos", reparten tortillas o garrafones de agua. Recientemente, en Soledad de Graciano Sánchez, han salido a repartir huevos. Con eso tienen asegurado un voto no razonado, porque es el voto obligado por el hambre y la falta de dignidad de una y otra parte.
En días pasados vino la presidenta de la República a inaugurar la primera etapa de la Universidad Rosario Castellanos. Según algunas fuentes que todavía mantienen cierta independencia, vimos cómo los "acarreados verdes" llegaron desde la madrugada a pesar del frío. Les llevaron su lonche de desayuno; allí están las fotos mostrando a señoras con chaleco verde arrastrando cajas de plástico donde van los alimentos "que se ganaron con su desmañanada". No pueden esconderlo: es un secreto a voces que existe un padrón de acarreados. Si no se reportan, tienen que ir perdiendo la esperanza de recibir su despensa o, cuando se ofrezca, un raquítico lonche.
Muchos potosinos tenemos la esperanza de que el Gobierno del Estado deje de estar en manos del PVEM; de que no lleguen a la presidencia municipal ni a tener mayoría en el Congreso. Las cosas no pueden, ni deben, seguir en el estado en que se encuentran.
Sin embargo, pareciera que a la lideresa de Morena en el estado no le fluye muy claramente la ideología política. No basta con ser hermana de la secretaria de Gobernación: se necesita capacidad intelectual y motivacional para propiciar el respeto y el triunfo del partido de la señora Sheinbaum. A la Presidencia también le ha faltado la voluntad de dar un golpe en la mesa y poner las cosas en claro.
Del PAN mejor ni hablar. No saben ni dónde quedó la bolita. Sus pleitos internos y su "mal parida" reestructura del partido han servido para dos cosas: para nada y para lo que usted se imagina. No ejercen ningún liderazgo. Por si fuera poco, los diputados mediocres se les están dando a la fuga, como esa señora Aranza Puente que brincó del azul al verde. ¿Y todo para qué? Pues para hacer solamente el ridículo. Si el gobernador piensa que con ella y con Juan Carlos Valladares va a jalar muchos votos de Tequis hasta las Lomas, está rotundamente equivocado.
Lo que queda del PRI es como un adicto al fentanilo que camina por las calles como un zombi. Su dirigente estatal ha sido "maiceada" con una camioneta y otras linduras. Los demás integrantes de la CTM, Fundación Colosio, CROC, etc., viven con sueños del pasado y destilando odio, cuando deberían trabajar desde hace mucho para recobrar su partido. Pero ya ve, amable lector, que eso del trabajo no se les da mucho a los priistas.
Enrique Galindo ya anda planeando su próximo viaje a Europa y, en una de esas, ya no regresa. Total, que son puras vergüenzas potosinas. He comenzado a creer que lo único que nos une a ciertos ciudadanos son las falsas esperanzas.
La falsa esperanza nos induce a la complacencia y a una ignorancia constante sobre lo que realmente sucede. Entonces, el mal puede seguir creciendo sin control, porque no nos aventuramos —ni siquiera miramos— hacia las sombras. La verdadera esperanza no depende de la situación, sino de nuestra propia mente.
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Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.
RAMÓN ORTIZ AGUIRRE
Originario del Centro Histórico de San Luis Potosí, Profesor Investigador de la Facultad de Ingeniería de la UASLP y Jefe de la División de Difusión Cultural de la misma institución, actualmente jubilado. Especialista en agua y medio ambiente.