El Alfil Negro
¡ARRANCAN!
Por Ramón Ortiz Aguirre
«Quum adspéxeris quot te antecedant, cógita quot sequantur»
(Cuando veas cuántos te preceden, piensa cuántos te siguen)
Séneca
Por fin, el Instituto Nacional Electoral (INE) ha dado el banderazo oficial que da por iniciado el proceso electoral 2026-2027. Sin embargo, sabemos que esto no ha sido más que un mero formalismo intrascendente, pues desde hace meses los diferentes partidos políticos ya habían comenzado a promoverse y a asustarnos con el petate del muerto en la selección de sus candidatos para este proceso intermedio. Esta elección definirá quién o quiénes estarán trabajando desde las cámaras… o estorbando, según sea el caso. También, en algunos estados, habrá cambio de gobernadores, presidentes municipales, cabildos, senadores y diputados locales; es decir, todo un entramado de intereses más económicos que políticos.
A nivel global, mucho se ha dicho que la democracia y el sistema electoral en nuestro país son los más caros del mundo y no lo dudamos ni tantito. Esto sucede porque el Estado mexicano destina un presupuesto grandísimo para la operación del INE y de los consejos electorales de las diferentes entidades. Además, se otorgan prerrogativas permanentes a los diferentes partidos políticos. Es tal el derroche, que diversos análisis comparativos a nivel mundial han situado a México con el costo más elevado por votante o por habitante.
El pretexto para este despilfarro de colosales dimensiones nació como una garantía contra el fraude electoral y para asegurar una supuesta equidad, producto de la desconfianza acumulada en procesos del pasado. El principio es bueno, pero, como muchas de las cosas que suceden en este país, lo hemos desvirtuado completamente. Bien se sabe que en todo proceso electoral no solo juegan los partidos políticos: participa la iniciativa privada, el crimen organizado y el desorganizado también. Todos buscan invertir fingiendo decencia para poder llevar agua a su molino.
Los partidos políticos no son más que empresas privadas a las que aportamos todos los mexicanos sin recibir a cambio ningún dividendo. El dinero que reciben mensualmente y que se incrementa en cada proceso electoral, solo les sirve para hacer pingües negocios que van desde la elaboración de mantas, playeras, mochilas y cachuchas, hasta pintar bardas, canchas y otorgar dádivas carísimas. Negocios en donde, de seguro, los proveedores son ellos mismos o sus amigotes. Pero, sobre todo, ese dinero se destina para mantener a sus cúpulas viviendo a cuerpo de rey y para sostener a sus bases.
Tenemos una partidocracia muy, pero muy cara. Está llena de partidos; ¡nomás a nivel federal son ocho!: Morena, PT, PRI, PAN, MC, PVEM, PAZ y SOMOS. No conformes con ello, en cada estado existe al menos un partido local. Pero todos, absolutamente todos, reciben dinero que podría ser destinado a obras urbanas y sociales, y no a enriquecer y pagar viajes al extranjero de los líderes que se andan quejando de México.
En fin, este año el INE ha pedido que para el proceso del 2027 se le asigne un presupuesto de 31,431 millones 887 mil 800 pesos. Y todavía se quejan porque dicen que no les alcanzará para casi nada; que simplemente el haber cambiado el color del instituto de rosa a lila, ya implica un sobreprecio que todos los mexicanos debemos de pagar.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.
RAMÓN ORTIZ AGUIRRE
Originario del Centro Histórico de San Luis Potosí, Profesor Investigador de la Facultad de Ingeniería de la UASLP y Jefe de la División de Difusión Cultural de la misma institución, actualmente jubilado. Especialista en agua y medio ambiente.