El Alfil Negro
SU GRACIOSA Y BIEN AMADA MAJESTAD
Por Ramón Ortiz Aguirre
«Bárrula lingua nócet»
(La lengua charlatana es funesta)
Corría el año 1519 del calendario cristiano cuando Hernán Cortés y sus ejércitos desembarcaron por primera vez en México. Ellos no venían a imponer una religión ni una cultura, mucho menos a buscar un intercambio con los naturales de estas tierras. Los nativos no vivían en el mismo tiempo que los hispanos, pero sí preveían que algo cambiaría para siempre. Para el pueblo náhuatl era el año 1 Ácatl, o 1 Caña, fecha en que se cumplirían toda una serie de predicciones, algunas trágicas y otras de felicidad.
Los hombres barbados llegaron a nuestras costas en enormes barcos, con armas potentes y animales que no se conocían por estas latitudes. No sin ciertas dificultades, pudieron conseguir intérpretes, sobre todo una a quien la historia ha llamado Malinche, con quien iniciaron su peregrinaje hasta el centro del Imperio azteca. En el camino se les fueron sumando para brindarles apoyo todos aquellos pueblos mesoamericanos que vivían bajo el yugo de Tenochtitlán y que soñaban con quitarse esa opresión.
La historia es conocida por la mayoría de nosotros y, desde siempre, incluso desde el momento mismo en que ocurrió todo aquello, se ha establecido que el conquistador extremeño era un hombre sádico y violento. Nadie puede negar las barbaridades que vino a hacer a lo que hoy es nuestro país. Mató, masacró, destruyó, aprisionó y esclavizó; no se hartó de robar en nombre de su rey, ni de su Dios, y también torturó al tlatoani Cuauhtémoc a quien después lo ahorcó. Cortés nunca evangelizó a nadie, nunca se preocupó por entender la cultura de nuestros ancestros: a lo mucho, impulsó la cruz con el filo de su espada.
Hoy más que antes es importante recordar nuestra historia tal como fue, porque a 500 años de distancia de aquellos hechos violentos, han surgido una serie de individuos ignorantes de los hechos y los profundos agravios causador por Hernán Cortés. La ignorancia de aficionados, políticos y pseudohistoriadores es tanta que recientemente invitaron a una de las mayores exponentes de la ultraderecha hispana para lavarle la cara al conquistador.
Diña Isabel Natividad Díaz Ayuso, es una mujer española de negro historial, ligada a abundantes malversaciones de fondos, que dice gobernar Madrid pero casi nunca está en la capital española. Se trata de la misma mujer que abrió las puertas de su ciudad para refugiar a verdaderos delincuentes de cuello blanco mexicanos y de otras latitudes. Una gobernante que, en pleno siglo XXI, ¡ha demostrado abiertamente su admiración por “el Caudillo de España por la gracia de Dios, el Generalísimo Francisco Franco”!
En pleno año 2026 de la era cristiana —correspondiente al 12 Pedernal en la cuenta cíclica mexica o al 5138 en la cuenta lineal anahuaca—, desembarcó de una nave de acero en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México la señora Ayuso. Por poco y bajó de su avión de Iberia cargando un estandarte de la Cruz de Santiago… ¡y poco le faltó para desenvainar una espada toledana!
Algunos políticos mexicanos soñaban con que, entre su equipaje, se hallara un pergamino con la encomienda de los Reyes Católicos para la reconquista de estas tierras profanas. Por eso con desesperación se le humillaron rindiéndole honores y todos los homenajes a esta nueva émula de Cortés y a sus tropas. Para colmo, dicen que los demás mentimos, que los españoles de entonces no robaron nada a las civilizaciones mesoamericanas, ni mucho menos que después tras ocho siglos de dominio de los moros, vinieran por todo lo que pudiera tomar, sin importar las muertes que ocasionaran ni los daños colaterales.
Doña Isabel Díaz Ayuso fue recibida, paseada y celebrada por un comité de muy distinguidos apátridas que se postraron respetuosamente ante su egregia figura y noble pensamiento. Aplaudieron a rabiar, sonaron las matracas de los acarreados y derramaron lágrimas de alegría que corrieron por sus muy castizas mejillas. Se dice que entre los miembros de ese comité muchos ya tienen su pasaporte español, y que lo agitaron para poner en evidencia su nobleza e hidalguía al trasponer la puerta de la sala de arribo. Algunos cayeron a sus pies y le pidieron que los pisoteara, aunque solo fuera ideológicamente.
El júbilo estalló en el corazón de la alcaldesa de la Cuauhtémoc, la señora Alessandra Rojo de la Vega, principal gestora de este inolvidable acto. A ella le acompañaron el diputado Federico Döring, Lilly Téllez y lo más fino y selecto de las juventudes y senectudes panistas, junto a uno que otro priista que no quería perder la oportunidad de tomarse la selfi de rigor. Luego, tras una opípara cena y el retiro a los sacrosantos aposentos, el comité repasó la rutina del día siguiente: una visita a la Basílica de Guadalupe, porque que Ayuso es una ferviente católica y quería encomendarle a la Santísima Virgen todas las barrabasadas que se dispuso a decir.
Ahí no paró la cosa. También consideraron que, ya con el espíritu católico exaltado al máximo, la madrileña visitara la Catedral Metropolitana para dirigir un magno homenaje a Hernán Cortés. Allí, justo en el centro de todo lo que destruyó y en donde realizó tantas matanzas. Lo que no consideraron, ni ella ni su comitiva, por cierto, fue que ¡oh, sorpresa!, tanto la Catedral como el Zócalo estaban llenos de miembros de los pueblos originarios que bailaban y “hablaban en sus endemoniadas lenguas”.
Ante la realidad, tanto la derecha mexicana y la corte española palidecieron y mejor se fueron tan rápido como pudieron. ¡Qué falta les hicieron Pedro de Alvarado, Gonzalo de Sandoval, Francisco de Montejo y sus aliados tlaxcaltecas! Ante el fracaso, se refugiaron en los brazos e instalaciones del deudor de impuestos Ricardo Salinas Pliego, quien asegura que de llegar a la Presidencia de México restablecerá los tributos para la corte de Felipe VI.
No pararon aquí los ridículos. El colmo fue una gran ceremonia en Aguascalientes, en donde le entregaron las llaves de oro de su ciudad a doña "Chabela" Díaz Ayuso, condecorándola además con una medalla más grandota que la del premio Nobel de la Paz, ese que hace no mucho le transfirió la "seño" doña María Corina Machado a Mr. Trump.
Como nunca falta un prietito en el arroz, la regidora morenista Martha Cecilia Márquez Alvarado irrumpió en el escenario hidrocálido y protestó airadamente por lo que sucedía y por la falta de agua en su localidad. Ante el desconcierto ocasionado por esa plebeya, los guaruras del gobierno del estado subieron al estrado, pistola en mano y con chaleco antibalas para aplacarla de una vez por todas, pues vaya osadía de la plebeya ante tan finas y distinguidas personas que aparecen con frecuencia en las revistas del corazón.
Gracias a esta intervención se pudieron poner para la foto los cuatro gobernadores panistas que se sostienen con alfileres: el barón don Mauricio Kuri, noble de alcurnia que presumió que ya tienen en Santiago de Querétaro un vuelo semanal a Madrid; la agraciada doña Tere Jiménez, gobernadora de Aguascalientes, quien mostró su clase y protocolo al besar la diestra de la señora Ayuso (esto solo se lo había hecho al Papa de Roma; se rumora que ha dejado estampados sus labios en una hoja para mandarla a enmarcar); la siempre simpática y muy noble doña Libia Dennise García Muñoz Ledo, que le ha prometido iniciar, tan pronto tenga la oportunidad, el proceso de cambio de nombre del Festival Cervantino por el de "Festival de don Hernando Cortés", así como cambiarle el nombre al Teatro Juárez (porque no es nada elegante que lleve el nombre de un indígena de los pueblos originarios); y la cereza del pastel la puso una de las más claras vendepatrias, doña Maru Campos, gobernante de Chihuahua, quien así como ha dejado entrar a su estado a miembros de la CIA, FBI, ICE y DEA violando flagrantemente la Constitución, le dio un abrazo enorme y le aseguró que tiene las puertas abiertas para que venga la Guardia Civil Española o la Santa Inquisición, de ser necesario.
Mientras tanto, en Madrid, por toda la Gran Vía, Puerta del Sol, Atocha, Lavapiés, Fuencarral y otras zonas de la capital española, no cesaron las burlas para su lideresa, la cual se ha dedicado nada más a la vagancia acompañada por su ídolo, y algunos juran que su pareja sentimental, "Facho Cano".
Total que la gira prevista para un mínimo de diez días fue todo un fracaso. La comitiva española se tuvo que regresar antes de ese tiempo porque los mexicanos seguimos siendo "indios indómitos" y mostramos resistencia a las buenas costumbres y a alternar con la realeza y la gente bonita que llega de allende las fronteras. No importa que ya no lleguen en barco y lo hagan en avión. Para doña Ayuso seguiremos siendo "sudacas" y para la derecha mexicana la gran mayoría seguiremos siendo unos "chairos y nacos".
Hoy, las ultraderechas mexicana y española no han tenido solo una “Noche triste”, sino más bien toda una semana triste y espantosa. Los prianistas pueden encaminar sus pasos hasta los restos del ahuehuete ubicado en la calzada México-Tacuba en la Ciudad de México. Hoy le han renombrado como el “Árbol de la Noche Victoriosa”, pero tradicionalmente siempre lo conocimos como el Ahuehuete de la Noche Triste, donde la leyenda dice que Cortés lloró su derrota ante los mexicas en 1520. A pesar de los accidentes y del tiempo, sus restos siguen ahí, siendo el símbolo inquebrantable de la resistencia indígena y la bisagra histórica que marcó el proceso de conquista.
Igualmente, allende la mar océano, en España seguirán las críticas y la búsqueda de investigación a su humillada política, que a cada paso que da muestra su intolerancia, ignorancia, clasismo y aparentemente malos manejos de la hacienda pública. Y díganme si no: para venir a ser maltratada a México pidió la friolera de 300,000 euros, a pesar de que a todos lados la llevaron gratis sus adoradores conservadores.
Y por cierto y ya para terminar: ahí están por si lo quieren y precisan llevárselos los huesos del conquistador. Pasen por ellos al Templo de Jesús Nazareno, anexo al Hospital de Jesús que el mismo Cortés fundó en el siglo XVI, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México. A unos metros encontrará también los restos de la Tenochtitlán que vino a destruir.
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Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.
RAMÓN ORTIZ AGUIRRE
Originario del Centro Histórico de San Luis Potosí, Profesor Investigador de la Facultad de Ingeniería de la UASLP y Jefe de la División de Difusión Cultural de la misma institución, actualmente jubilado. Especialista en agua y medio ambiente.