La Jugada del Filo-Chairo
El silencio de las cenizas: Una elegía al fuego sagrado en Canadá
Por Hernán Rivera López
El fuego posee una naturaleza dual profundamente perturbadora: es la fuerza primordial que da calor al hogar y, al mismo tiempo, el elemento devastador que reduce la memoria a la nada. En los últimos años, el paisaje canadiense ha sido testigo de un fenómeno sombrío que trasciende la mera crónica policial para adentrarse en los terrenos del misterio colectivo y la expiación histórica. Las iglesias de Canadá arden. No se trata de incidentes aislados nacidos del azar meteorológico, sino de una manifestación física de heridas invisibles que supuran en el tejido mismo de la nación. Mirar los esqueletos carbonizados de estos templos nos obliga a plantearnos una pregunta que es tanto teológica como filosófica: ¿qué es lo que realmente se consume cuando una casa de Dios se convierte en cenizas? La historia de esta purga de madera y piedra comenzó a manifestarse con fuerza a mediados de 2021.
El detonante terrenal fue el estremecedor hallazgo de tumbas no identificadas en los terrenos de antiguos internados residenciales indígenas, instituciones administradas en su mayoría por la Iglesia Católica (Del cual hable en una columna pasada: https://www.ajedrezpoliticoslp.com.mx/tablero/la-jugada-del-filo-chairo/la-historia-oculta-de-las-escuelas-residenciales-en-canada). Aquellos internados, diseñados para asimilar a la fuerza a los niños de las Primeras Naciones, operaron durante más de un siglo dejando un rastro de traumas, abusos y pérdidas culturales irreparables. La revelación de la muerte anónima de cientos de infantes actuó como un relámpago en una noche oscura, iluminando un pasado que muchos preferían ignorar. Pocos días después, las primeras iglesias comenzaron a arder en comunidades indígenas de la Columbia Británica. El fuego se propagó entonces no sólo a través de la yesca, sino mediante un contagio simbólico que parecía responder a una necesidad metafísica de borrar los templos de un dolor insoportable. Desde un punto de vista filosófico, la quema de una iglesia no es un simple acto de vandalismo contra la propiedad privada; es un ataque directo al corazón del símbolo. El sociólogo Émile Durkheim explicaba que los seres humanos dividimos el mundo entre lo sagrado y lo profano.
Una iglesia representa el eje del mundo, el espacio donde el tiempo terrenal se detiene para conectarse con la eternidad. Cuando el fuego devora un santuario, se produce una ruptura del orden cósmico local. Para quienes perpetran estos actos, el fuego es concebido de manera inconsciente como un agente alquímico de purificación, un intento radical de purgar la tierra de la culpa institucional mediante la destrucción de sus tótems. Sin embargo, para los fieles que ven desaparecer sus espacios de consuelo, el incendio representa una profanación del alma, un vacío existencial donde la divinidad parece haber sido expulsada por la violencia humana. En este choque de interpretaciones yace el verdadero misterio: el fuego se convierte en un lenguaje mudo donde se cruzan la venganza histórica, el dolor ancestral y el resentimiento social.
A lo largo de los años, el misterio se ha profundizado al amparo de las sombras. El portal de investigación canadiense Juno News, junto con análisis de verificación independientes, han documentado que entre 2021 y 2026 más de 140 iglesias han sido vandalizadas o destruidas por incendios en todo el territorio canadiense. Lo más enigmático de esta oleada iconoclasta es que una inmensa mayoría de estos crímenes permanecen sin resolver, envueltos en un velo de anonimato y silencio oficial. En la era de la vigilancia global y la interconexión digital, los pirómanos de templos parecen desvanecerse en el aire de las praderas y los bosques canadienses, dejando tras de sí sólo el crepitar de las vigas y el escepticismo de las comunidades. Esta impunidad prolongada alimenta teorías de conspiración y divisiones sociales en las redes de comunicación, donde a menudo se difunde desinformación que culpa falsamente a comunidades inmigrantes de estos ataques.
No obstante, la Real Policía Montada de Canadá ha reiterado la ausencia de motivaciones organizadas externamente, devolviendo el fenómeno a su naturaleza original: un fantasma interno que recorre la psique del país. El capítulo más reciente de esta inquietante saga ocurrió el pasado 24 de agosto de 2026 en la Península Acadiana, en Nuevo Brunswick. En las primeras horas de la madrugada, las alarmas de incendio despertaron a los bomberos de Caraquet para enfrentarse a una tragedia irreversible: la histórica iglesia católica de Saint-Simon, construida hace 108 años, estaba siendo consumida por las llamas.
Considerada la estructura de madera más grande de la provincia, el templo ardió hasta los cimientos en un espectáculo dantesco que culminó con el colapso de su imponente campanario. A diferencia de otros casos sumidos en el misterio absoluto, las autoridades arrestaron rápidamente a un residente local de 68 años acusado de provocar intencionalmente el siniestro. Lo que sí debemos dejar en claro es que hubo muchas Fakes News con respecto a este caso, por lo que me veo en la necesidad de dar los detalles de la investigación del sospechoso y no dejar que las teorías de conspiración hagan pensar a mis queridos lectores que yo participo de ellas, asi que aqui esta lo que oficialmente se sabe del sospechoso:
Identidad del sospechoso:
Nombre y edad: Gilles Mallet, un hombre de 68 años. (Noticiero RCAG)
Origen: Es residente de la misma localidad/zona donde se cometió el delito.
Noticiero RCAG
Detalles del caso e investigación:
El hecho: El incendio ocurrió en la madrugada del 24 de agosto de 2026, alrededor de las 3:20 a.m., destruyendo por completo la iglesia histórica que databa de principios del siglo XX.
Cargos y situación legal: La Policía Montada de Canadá (RCMP) detuvo a Mallet y lo acusó formalmente de haber provocado el incendio intencionado. Quedó bajo custodia policial tras su arresto para su respectiva audiencia ante el tribunal.
Desmentidos: Ante la proliferación de rumores falsos y desinformación en redes sociales que afirmaban falsamente que el sospechoso era un hombre musulmán, la Policía Montada de Nuevo Brunswick desmintió tales afirmaciones.
Aunque la policía descartó de inmediato cualquier motivación de odio religioso o conexiones extranjeras, el trasfondo psicológico de este acto vuelve a remitirnos a lo inexplicable. ¿Qué lleva a un miembro de la propia comunidad a prender fuego al corazón de su propia historia? La pérdida total de Saint-Simon demuestra que el fuego en Canadá ya no solo busca los símbolos de la opresión colonial, sino que se ha transformado en una sombra errática capaz de consumir la memoria comunitaria desde adentro.
Contemplar el panorama actual de Canadá es enfrentarse a un espejo roto donde la espiritualidad y la historia se encuentran en pie de guerra. Las iglesias quemadas permanecen en el horizonte como monumentos involuntarios al desencuentro humano. Filosóficamente, el fuego canadiense nos recuerda que el pasado nunca está muerto ni enterrado, para mi la historia es como un zombi: No está muerto ni vivo pero si nos sigue sin detenerse, y si no estudiamos la raíz de un problema tarde o temprano ese zombi nos alcanzara, es decir; permanece latente, esperando el momento de reclamar su tributo en forma de cenizas. Mientras las comunidades intentan reconstruir sus templos y curar sus almas, el misterio subyacente persiste en el aire frío del norte. Las llamas que consumieron a Saint-Simon en este 2026 no son solo el fin de una estructura de madera centenaria; son el eco persistente de una hoguera histórica que Canadá aún no ha aprendido a apagar, recordándonos que cuando la palabra falla, el ser humano recurre trágicamente al fuego para hacerse escuchar por la eternidad.
¿Y tú, qué opinas? ¿Crees que Canadá debe reaccionar para impedir la quema de sus iglesias católicas o debemos tolerarlo? Al final es tu opinión lo que cuenta ¿no crees?
Si te gusta practicar el deporte de alto riesgo de cuestionar las cosas, te invito a que escribas a mi correo para discutir acerca de temas fuera de lo habitual.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.
HERNÁN RIVERA LÓPEZ
Es Ingeniero Químico egresado de la BUAP, Comenzó como Ing de Calidad y Validación trabajando para Pfizer-Capsugel en el estado de Puebla para luego después inmigrar a Canadá, donde trabaja como especialista en alimentación desde hace ya 20 años. Actualmente estudia en la UPAEP la carrera de Filosofía.