La Jugada del Filo-Chairo
Y regresamos a la Época de los Piratas pero remasterizados; el secuestro del Siglo XXI: Cuando el Pirata Moderno lleva corbata
Por Hernán Rivera López
El Regreso de la Barbarie en Chaleco Antibalas
Hace muchos años en la antigüedad existían ciudades fortificadas y fosos a su alrededor, dichas ciudades tenían por regla general levantar el puente colgante y cerrar definitivamente la ciudad esto para evitar que hordas de extranjeros criminales o ladrones pudieran entrar, así que si alguien perteneciente a la ciudad no llegaba a tiempo para resguardarse dentro de la ciudad, entonces se quedaba afuera a merced de los vándalos, también se organizaban grupos de asalto para entrar a las ciudades fortificadas, con la consigna de tomar preso a los líderes de dichas ciudades y aniquilarlos con el fin de colocar un nuevo gobierno y esclavizar a las ciudades, pero esto es historia, que según un servidor pensaba había sido en un pasado en que la humanidad era deshumanizada y la ley del más fuerte predominaba, sin embargo la siguiente historia real del 2026 que acaba de pasar, me hace pensar que la humanidad está en un retroceso brutal, veamos cómo veo las cosas de lo que pasó en Venezuela al inicio del año 2026.
En la fría madrugada del 3 de enero de 2026, la historia global no avanzó, sino que dio un salto atrás de cuatro siglos. La operación militar estadounidense que resultó en la extracción forzosa de Nicolás Maduro desde el corazón de Caracas no fue una "detención" en ningún sentido que el derecho internacional reconozca. Fue un acto de piratería pura, sin el romántico velero de antaño, pero con toda la vileza colonial del siglo XVII. Estados Unidos, vistiendo el traje del gendarme mundial, reveló su verdadero rostro: el del bucanero moderno que saquea no oro, sino soberanía; que captura no galeones, sino jefes de Estado.
Este operativo, orquestado desde Washington y ejecutado con precisión quirúrgica en suelo venezolano, establece un precedente tan peligroso como obsceno. No es la aplicación de la ley; es su negación absoluta. Es la ley del más fuerte, del que posee la flota más grande, los drones más silenciosos y la arrogancia suficiente para creer que las fronteras son meras sugerencias cuando sus intereses están en juego. El mundo ha sido testigo de cómo una potencia nuclear se transforma, ante nuestros ojos, en un corsario con bandera de estrellas y franjas, otorgándose patente de corso para violar la integridad de cualquier nación que se atreva a desafiarla.
Los nuevos Corsarios: De la Calavera a la Estrella
La comparación con los piratas del siglo XVII no es metafórica; es estructural. Aquellos bucaneros operaban bajo "cartas de marca", documentos que sus reyes les otorgaban para saquear barcos de naciones rivales, privatizando la guerra y la violencia. Hoy, Washington se otorga a sí mismo una "carta de marca jurídica", invocando leyes extraterritoriales y acusaciones de narcoterrorismo para justificar lo injustificable: el secuestro de un presidente en ejercicio. La diferencia es sólo tecnológica: en lugar de abordajes con sables, usan operaciones encubiertas; en lugar de cañonazos, ataques cibernéticos; en lugar de islas tortuga, bases militares en más de 80 países.
Este acto representa la más cruda regresión civilizatoria. Durante siglos, la humanidad construyó laboriosamente un andamiaje diplomático para resolver conflictos entre Estados: el derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas, el principio de no intervención. Todo ese frágil edificio ha sido dinamitado en una sola noche. Lo que queda es la ley de la jungla, donde el león estadounidense se alimenta de las gacelas soberanas que elige. Si esto es permisible hoy contra Venezuela, ¿qué detendrá a otras potencias mañana? ¿Veremos a China "detener" a un líder taiwanés en Taipéi? ¿O a Rusia "secuestrar" a un presidente ucraniano en Kiev bajo acusaciones fabricadas? El umbral de la barbarie ha sido cruzado, y el camino de regreso será largo y sangriento.
El Desprecio por la soberanía como síntoma de decadencia
Este secuestro presidencial —que ningún eufemismo jurídico puede disfrazar— revela algo más profundo: la bancarrota moral de una potencia en declive. El imperialismo del siglo XXI ya no se molesta en construir colonias formales; simplemente secuestra gobiernos. No necesita administrar territorios; solo necesita demostrar quién manda. Es el acto final de una hegemonía que, sintiéndose amenazada por un mundo multipolar, recurre a sus instintos más primitivos.
La humanidad retrocede cuando abandona la razón por la fuerza, cuando sustituye los tribunales por los comandos especiales, cuando cambia la diplomacia por los raids nocturnos. Este retroceso no es abstracto: tiene nombre y fecha. Se llama Operación "Determinación Absoluta" y ocurrió el 3 de enero de 2026. Pero su significado resonará por décadas, normalizando la idea de que ningún gobierno elegido está a salvo ( Preguntenle a Dinamarca ), ninguna constitución es protección suficiente, ninguna soberanía es inviolable si se interpone en el camino del poder imperial.
Conclusión: El Futuro que perdimos en una noche
Al enviar fuerzas especiales a territorio venezolano, Estados Unidos no sólo secuestró a un presidente; secuestró el propio concepto de orden mundial basado en reglas. Demostró que, para él, la soberanía es un privilegio que concede a sus aliados, no un derecho inherente de los pueblos. Esta operación será recordada no como un acto de justicia, sino como el momento en que el siglo XXI recuperó las prácticas del XVII, con tecnología del siglo XXII.
El verdadero juicio que debe preocuparnos no es el que ocurrirá en Manhattan contra Maduro, sino el que la historia realizará contra este acto de piratería moderna. Y en ese juicio, la humanidad entera deberá preguntarse: ¿aceptaremos que las grandes potencias jueguen a los piratas con nuestras soberanías, o recordaremos que incluso los imperios más poderosos encuentran su fin cuando la civilización decide que ciertas líneas no deben cruzarse?
La respuesta determinará si el siglo XXI será la era de un nuevo orden multilateral o simplemente el regreso disfrazado de la edad de los corsarios, donde el más fuerte hace la ley y la rompe a voluntad, dejando a la humanidad navegando de regreso hacia una oscuridad que creíamos superada.
¿Y tú, qué opinas? ¿Crees que está bien que los nuevos imperios del Siglo XXII recurran a las prácticas de pirateria del siglo XVII pero con tecnología moderna? Al final es tu opinión lo que cuenta ¿no crees?
Si te gusta practicar el deporte de alto riesgo de cuestionar las cosas, te invito a que escribas a mi correo para discutir acerca de temas fuera de lo habitual, tu amigo el Filo-Chairo.
🇺🇸🏴☠️🛢️ Trump el pirata del Caribe.
📌 @glenlelievre
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Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.
HERNÁN RIVERA LÓPEZ
Es Ing Químico egresado de la BUAP, Comenzó como Ing de Calidad y Validación trabajando para Pfizer - Capsugel en el edo de Puebla para luego después inmigrar a Canadá, donde trabaja como especialista en alimentación desde hace ya 20 años. Actualmente estudia en la UPAEP La carrera de Filosofía.