La Jugada del Filo-Chairo

La Colonización de Israel en México: La ambición global y el lenguaje del extremismo

*De la ilusión del edén norteamericano a la geometría del cobro de piso: una lectura de la entropía institucional y el imperio invisible.

Por Hernán Rivera López

Hay discursos que parecen tan fuera de lugar que resulta tentador pasarlos por alto. Cuando el rabino Yom Tov Glaser afirmó en una de sus intervenciones que las naciones del mundo terminarían por arrodillarse ante Israel, la primera reacción de muchos fue pensar que se trataba de una frase aislada, una simple exageración propia de un predicador buscando impacto en su audiencia. Sin embargo, cuando se examina esta idea con detenimiento, queda al descubierto una estructura de pensamiento que va mucho más allá de la simple retórica.

El problema central de estas afirmaciones radica en cómo transforman la religión. En su origen, las principales tradiciones espirituales del mundo han buscado ofrecer principios éticos, sentido de comunidad y respuestas sobre la existencia humana. Dentro del propio judaísmo, la idea histórica de ser un pueblo con una misión especial no se concibió como un mandato de dominación, sino como un compromiso ético y moral ante la sociedad.

Sin embargo, el fanatismo opera mediante una alteración radical de estos conceptos. Cuando la fe se cruza con el extremismo ideológico, la vocación de servicio desaparece para dar paso a un discurso de jerarquías. En la visión planteada por Glaser, la relación con el resto del mundo deja de ser un diálogo entre iguales para convertirse en una estructura donde unos mandan y otros se someten. La fe, en este punto, deja de buscar la elevación espiritual del individuo y se convierte en una herramienta para justificar la superioridad política y territorial.

El reflejo en el territorio: El caso de Ixtapan de la Sal (México)

Esta clase de discursos podría quedarse en el terreno de las palabras si no fuera porque, con el tiempo, este tipo de mentalidad tiende a buscar formas concretas de expresarse en la vida real. No siempre lo hace de manera abierta o violenta; muchas veces se manifiesta a través de proyectos de aislamiento social y espacial que pasan casi desapercibidos.

Un ejemplo que invita a esta reflexión dentro del contexto mexicano es el proyecto conocido como "Ciudad Torá", planteado en los municipios de Ixtapan de la Sal y Tonatico, en el Estado de México. En términos formales, la iniciativa se dio a conocer como un desarrollo inmobiliario residencial privado, pensado para que familias practicantes del judaísmo ortodoxo pudieran vivir juntas según sus tradiciones, leyes dietéticas y hábitos cotidianos.

A simple vista, el proyecto podría parecer un ejercicio legítimo de la libertad de culto y de la libre asociación, derechos que están plenamente garantizados por las leyes mexicanas. Sin embargo, cuando un proyecto de esta magnitud busca establecer una comunidad cerrada, con dinámicas de vida completamente separadas del entorno local, surgen dudas inevitables sobre el tipo de convivencia que se pretende generar con la población originaria de la zona.

El misterio de los enclaves y el desafío al Estado laico

Es aquí donde surge un matiz de misterio y cautela sobre cómo evolucionan estos proyectos en el tiempo. La creación de espacios herméticos en zonas rurales o turísticas de México no es un fenómeno exclusivo de un solo grupo, pero en este contexto cobra un significado particular. Cuando una comunidad decide aislarse por completo, levantando bardas no solo físicas sino también sociales y culturales, la integración con el país que la acoge se vuelve prácticamente imposible.

El riesgo latente de los enclaves religiosos cerrados es la creación de normas paralelas. Aunque el suelo sobre el que se construyen estas comunidades sea territorio nacional, en la práctica se corre el peligro de que las leyes locales y los valores republicanos queden relegados a un segundo plano, sustituidos por códigos internos que solo responden a la autoridad del propio grupo.

El fanatismo, sea cual sea la confesión que lo impulse, tiende a mirar con desconfianza al Estado laico y a las instituciones democráticas. Para una visión extremista, las normas de un país son meros trámites administrativos que se toleran mientras convenga, pero que no tienen un valor real frente a sus propios mandatos. Por esta razón, proyectos de esta naturaleza despiertan inquietud: no por la religión que profesan sus integrantes, sino por el riesgo de que se conviertan en pequeños mundos desconectados de la realidad mexicana.

La equidad como única ruta de convivencia

Frente a discursos como el de Yom Tov Glaser y ante la proliferación de proyectos de desarrollo aislacionistas, la postura debe ser la defensa firme de la convivencia pacífica y el respeto mutuo. Una sociedad diversa no puede sostenerse si se acepta la premisa de que un grupo es superior a otro o de que existen naciones destinadas a la servidumbre.

La historia ha demostrado que el extremismo raras veces avanza de forma intempestiva; por el contrario, suele abrirse paso poco a poco, a través de palabras que normalizan la desigualdad y de fronteras invisibles que van dividiendo el territorio. La libertad de fe es un valor fundamental que debe protegerse, pero siempre bajo el entendido de que ninguna creencia puede estar por encima de la dignidad humana ni de las leyes de la comunidad que le abre las puertas.

Mantener la mirada atenta sobre estos fenómenos no implica caer en prejuicios, sino recordar que la igualdad ante la ley y la integración social son los únicos pilares que garantizan la armonía de un país. Ningún pueblo nació para arrodillarse ante otro, y ninguna fe debiera utilizarse para levantar muros donde debería haber puentes.

¿Y tú, qué opinas? ¿Crees que México debe reaccionar para impedir esta ciudad Torá o debemos tolerarlo? Al final es tu opinión lo que cuenta ¿no crees? 

Si te gusta practicar el deporte de alto riesgo de cuestionar las cosas,  te invito a que escribas a mi correo para discutir acerca de temas fuera de lo habitual.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.

HERNÁN RIVERA LÓPEZ

herfer.hrl2010@gmail.com

Es Ingeniero Químico  egresado de la BUAP, Comenzó como Ing de Calidad y Validación trabajando para Pfizer-Capsugel en el estado de Puebla para luego después inmigrar a Canadá, donde trabaja como especialista en alimentación desde hace ya 20 años. Actualmente estudia en la UPAEP la carrera de Filosofía.

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