La Jugada del Filo-Chairo

El derecho a habitar el mundo: La crisis de vivienda en Montreal y las grietas de Hochelaga

Por Hernán Rivera López

Por un periodismo con rostro humano.

En La poética del espacio, el filósofo Gaston Bachelard afirmaba que la casa no es un simple refugio contra la intemperie: es el rincón del mundo que alberga nuestras ensoñaciones, la primera geografía donde el ser humano aprende a existir y a construirse. Sin cuatro paredes que nos resguarden, la existencia se vuelve intemperie pura, una exposición constante a la fragilidad. Sin embargo, en el Montreal del presente, habitar un hogar ha dejado de entenderse como una condición indispensable para la dignidad humana. En su lugar, se ha degradado a la categoría de privilegio financiero, una mercancía sujeta a la especulación y al cálculo abstracto. 

La metamorfosis de un barrio popular.

Para comprender la magnitud de esta fractura, basta con caminar por las calles de Hochelaga-Maisonneuve. Durante décadas, este sector del este de Montreal fue el corazón obrero de la ciudad: un tejido comunitario denso, caracterizado por sus icónicas escaleras exteriores de hierro forjado, sus comercios locales accesibles y un sentido de pertenencia forjado en la solidaridad vecinal. Hoy, Hochelaga se ha convertido en el escenario visible de una silenciosa expulsión. La gentrificación acelerada, la renovación especulativa y el aumento vertiginoso de los alquileres han desmantelado la tranquilidad de familias trabajadoras, personas mayores con ingresos fijos y jóvenes de la clase obrera. Donde antes existía una red social que amortiguaba los golpes de la vida, hoy proliferan desalojos amparados en resquicios legales. La tragedia no ocurre únicamente en las oficinas donde se firman las rescisiones de contrato; se manifiesta en las aceras a lo largo de la calle Notre-Dame, donde decenas de personas terminan viviendo en tiendas de campaña a pocos metros de los puertos industriales.

Del valor de uso al valor de cambio: Una falla filosófica.

El problema que atraviesa Montreal no es meramente técnico ni económico; es profundamente moral. Hemos aceptado un modelo urbano que prioriza el rendimiento del capital sobre la necesidad primaria de arraigo.«Decir que la vivienda es un derecho humano y, al mismo tiempo, tratarla como un activo especulativo es una contradicción ética insostenible.» Desde la perspectiva del filósofo Emmanuel Levinas, el rostro del otro nos interpele y nos exige responsabilidad. Cuando una sociedad permite que sus ciudadanos más vulnerables sean desplazados a la marginalidad bajo el pretexto de la «oferta y la demanda», esa sociedad comete una falta contra la alteridad. La persona desplazada en Hochelaga no es un número en las estadísticas de desalojo: es un rostro, una historia interceptada por la incertidumbre de no saber dónde dormirá el próximo invierno. El inquilino consumidor está sujeto a la capacidad de pago.

Recuperar Montreal exige devolver a la vivienda su carácter fundamental de bien común. Esto implica implementar políticas públicas valientes: regulaciones estrictas contra los desalojos abusivos, un control efectivo de los precios del alquiler y una inversión masiva en vivienda social y cooperativa que proteja la identidad de barrios históricos como Hochelaga-Maisonneuve. Garantizar un techo no es una concesión ni un acto de caridad: es el presupuesto mínimo sobre el cual puede sostenerse la libertad de un individuo y la paz de una comunidad. Si Montreal pretende conservar su alma de ciudad acogedora e inclusiva, debe recordar que una metrópoli no se mide por la altura de sus torres de condominios, sino por la capacidad de ofrecer a cada uno de sus habitantes un lugar al cual llamar hogar.

¿Y tú, qué opinas? ¿Crees que Montreal-Canadá tenga algo que ver con esto o es solo una paranoia? Al final es tu opinión lo que cuenta ¿no crees? 

Si te gusta practicar el deporte de alto riesgo de cuestionar las cosas,  te invito a que escribas a mi correo para discutir acerca de temas fuera de lo habitual.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.

HERNÁN RIVERA LÓPEZ

herfer.hrl2010@gmail.com

Es Ing Químico  egresado de la BUAP, Comenzó como Ing de Calidad y Validación trabajando para Pfizer - Capsugel en el edo de Puebla para luego después inmigrar a Canadá, donde trabaja como especialista en alimentación desde hace ya 20 años. Actualmente estudia en la UPAEP la carrera de Filosofía.

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