Los Expedientes del Imperio

Por Jaime Contreras Huerta

Morena ante la percepción de una implosión interna rumbo al 2027

El anuncio del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT) sobre su respaldo al "Plan B" de la reforma electoral propuesta por la presidenta Claudia Sheinbaum, podría generar escepticismo en la base militante de Morena que ha expresado su crítica a estos partidos por su ideología distante al movimiento de la cuarta transformación. En política, tan importante es la realidad como la percepción. Los partidos políticos pueden conservar estructuras sólidas, respaldo electoral considerable y control institucional, sin embargo, si en la esfera pública comienza a instalarse la idea de que atraviesan una crisis interna, esa percepción puede convertirse rápidamente en un problema político real. Algo así parece estar ocurriendo con MORENA rumbo a las elecciones intermedias de 2027.

Durante los últimos meses, distintos episodios han alimentado una narrativa que habla de fracturas internas, disputas de poder y tensiones entre liderazgos relevantes de MORENA. Al menos diez frentes de conflicto se han identificado que van desde acusaciones de corrupción y disputas por candidaturas hasta choques entre figuras centrales del partido gobernante.

Se trata del fenómeno conocido como “fuego amigo”. Es decir, cuando las confrontaciones internas dejan de resolverse dentro del partido y se trasladan al espacio público. En ese momento, lo que antes era una disputa interna se convierte en un problema de legitimidad frente a la ciudadanía.

En la lista de tensiones, por un lado, aparecen acusaciones graves entre figuras cercanas al poder político, como los señalamientos de presuntos nexos con redes de corrupción o crimen organizado. Por otro lado, se han presentado conflictos entre liderazgos legislativos y dirigentes partidistas, así como disputas por la conducción de reformas políticas importantes. A esto se suman enfrentamientos en entidades federativas, luchas por contratos públicos, cuestionamientos sobre el estilo de vida de algunos nuevos cuadros del partido y el debate sobre candidaturas impulsadas por familiares de políticos relevantes. En conjunto, estos episodios alimentan la percepción de que el partido atraviesa un momento de desgaste interno.

Llama la atención que, al mismo tiempo que estas tensiones se hacen visibles, MORENA sigue manteniendo una posición electoral relativamente sólida. Diversos análisis sugieren que el partido aún conserva niveles de intención de voto cercanos a la mitad del electorado, lo que lo mantiene como la principal fuerza política del país rumbo a 2027. La aparente contradicción entre fortaleza electoral y conflicto interno no es nueva en la historia política. Los partidos dominantes suelen enfrentar procesos de fragmentación cuando pasan de ser movimientos de oposición a estructuras de gobierno. De hecho, algunos analistas han comparado la situación de MORENA con la experiencia del Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia, que también vivió tensiones entre facciones después de consolidarse como fuerza dominante. Sin embargo, también es cierto que los partidos pueden reconstruirse a partir de conflictos. MORENA ha intentado hacerlo mediante varias acciones orientadas a fortalecer la disciplina interna y la estructura territorial. Entre ellas se encuentran procesos de reorganización partidista, reglas más estrictas para aspirantes a candidaturas y estrategias de afiliación masiva para ampliar su base militante.

Además, el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum aparece como un eje alrededor del cual el partido busca reorganizarse y mantener cohesión frente a las disputas internas. La apuesta es clara: priorizar la unidad para evitar que las tensiones escalen hacia una fractura mayor. No obstante, el verdadero desafío no es solo organizacional, sino narrativo. La percepción de crisis suele amplificarse en el ecosistema digital contemporáneo y las redes sociales multiplican los conflictos internos, convierten las filtraciones en escándalos virales y alimentan la idea de que los partidos atraviesan una descomposición permanente.

En ese contexto, la política se vuelve también una disputa por la interpretación pública de los hechos. Si la ciudadanía percibe que un partido se encuentra atrapado en luchas internas, esa percepción puede traducirse en pérdida de confianza, incluso si el partido mantiene todavía una base electoral considerable. Paradójicamente, esta situación también abre oportunidades para la oposición que no cesan en sus estrategias de comunicación intensiva en redes sociales para capitalizar el desgaste de MORENA.

En ciertos casos, estas estrategias privilegian la saturación digital por encima del contacto directo con la ciudadanía, construyendo discursos ideológicos. En este escenario es pertinente la pregunta: ¿estamos frente a una crisis real de MORENA o frente a una crisis de percepción amplificada por el entorno digital? La respuesta probablemente se encuentre en un punto intermedio. Es evidente que existen tensiones internas, disputas por poder y conflictos entre liderazgos. Pero también es cierto que el partido conserva una estructura territorial amplia, control institucional y una base electoral significativa.

A estas alturas del partido, MORENA atraviesa conflictos internos sin perder de inmediato su posición hegemónica. Pero debe evitar que esos conflictos se vuelven estructurales para que no se debilite como organización política. Rumbo a 2027, MORENA enfrenta precisamente el dilema de demostrar que las tensiones actuales son parte de un proceso normal de competencia interna o permitir que la percepción de implosión termine definiendo su destino político porque en democracia, a veces las crisis no empiezan cuando el poder se pierde, sino cuando comienza a fracturarse la narrativa de unidad que sostiene a un partido en el poder.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.

JAIME CONTRERAS HUERTA

jcontrerash44@gmail.com

Maestro en Historia por el colegio de San Luis A.C. y Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

Anteriores: