Los Expedientes del Imperio

Por Jaime Contreras Huerta

La manipulación de la subjetividad

Ahora que se aproxima la aprobación de la reforma electoral, no podía faltar la manipulación narrativa de la oposición con predicciones que intentan alertar sobre un posible ataque a la democracia y advertir sobre lo que inventaron como la “Ley Maduro" de Venezuela. Aunque la propuesta se presentará hasta febrero de 2026 y aún no se detalla completamente, la oposición ya muestra reacciones prematuras, enfocándose en riesgos como la reducción de representación de minorías y cambios en plurinominales que favorecerían a MORENA. La presidenta Claudia Sheinbaum rechaza estas acusaciones, enfatizando que busca bajar costos electorales y fortalecer la fiscalización contra recursos ilícitos.

En este escenario, otra vez la oposición activó una estrategia de comunicación, que va más allá de la persuasión para manipular la subjetividad e instalar en el imaginario colectivo una realidad percibida, por lo general; alejada de los hechos objetivos para configurar ”verdades compartidas” que, pueden animar emociones colectivas y condicionar creencias sobre la reforma electoral, es decir, moldear la subjetividad de los ciudadanos, que incluye sus afectos, percepciones, sentimientos, pensamientos ,temores y prioridades de los ciudadanos.

La manipulación de la subjetividad es algo más profundo que simples mentiras o noticias falsas. Se trata de la construcción de un mundo simbólico donde ciertas narrativas adquieren más peso que los hechos, donde la emoción supera el argumento, y donde la repetición de una falacia se puede percibir como verdad en quién la recibe. Esta estrategia busca, sobre todo, activar emociones y orientar conductas colectivas acordes a los intereses de la oposición

El poder político emplea la comunicación para moldear la subjetividad mediante discursos que limitan el pensamiento crítico, aliena a los individuos para que acepten identidades ajenas mediante mensajes intencionados que influyen en cómo pensar, sentir y razonar. En este sentido, Michel Foucault explica que el poder produce subjetividades a través de saberes y discursos que vinculan lo visible, lo enunciable y relaciones consigo mismo, colonizando la percepción y emociones, vía tecnología y narrativas, que fomentan adhesión emocional en lugar de racionalidad.

La comunicación política actual, amplificada por las nuevas tecnologías, tiene un campo muy extenso para manipular la subjetividad política en un ecosistema comunicativo complejo, donde actores políticos, algoritmos y usuarios interactúan para producir narrativas enfocadas a distorsionar la realidad. En este escenario, la desinformación se ha convertido en uno de los principales mecanismos para alcanzar ese objetivo con efectos palpables en la polarización que se vive en México, donde el uso político de la comunicación con fines de manipulación no es algo nuevo, pero ahora es más sofisticado con campañas de desinformación basadas en redes sociales, el uso indiscriminado de bots y cuentas automatizadas que influyen en la conversación pública, en tal medida, que la escena mediática se ha convertido en un campo de batalla por la percepción ciudadana o "colonización cognitiva" que fragmenta el sentido común y moviliza políticamente.

​Los expertos en el tema consideran que las redes como X, Facebook y TikTok son espacios donde los bots amplifican acusaciones, polarizan debates y construyen narrativas que, aunque fragmentadas, logran habitar el imaginario colectivo de millones de usuarios. Este tipo de prácticas provoca lo que algunos analistas llaman “universos de atención” artificiales, una especie de espacios discursivos donde ciertas posturas parecen más extendidas o legítimas de lo que realmente son.

La manipulación de la subjetividad ha generado percepciones radicalizadas sobre la verdad, la confianza en instituciones y la legitimidad de los procesos democráticos. Los expertos también consideran que la retórica política para dividir y la difusión de contenido falso son percibidos por una parte significativa de la población como factores que contribuyen a la violencia política.

El resultado ha sido una democracia fragmentada donde distintos sectores se convencen de que la “verdad” que resuena en su burbuja informativa es la única válida. Este fenómeno no solo alimenta la polarización, sino que puede erosionar la confianza en las instituciones, creando espacios para acusaciones de fraude, falta de legitimidad o incluso llamados a intervenciones como los que hacen los llamados vendepatrias.

Los discursos políticos de la oposición, las narrativas mediáticas y las interacciones en redes sociales forman un ecosistema que moldea lo que creemos, lo que tememos y cómo actuamos. Cuando estos procesos se inclinan más hacia la manipulación que hacia la deliberación pública, la democracia deja de ser un espacio de debate para convertirse en un escenario de batallas simbólicas. En nuestro país, la oposición no se cansa de manipular a sabiendas que, hasta hoy, poco o casi nada, han logrado para desestabilizar el proyecto de la cuarta transformación que comanda la presidenta Claudia Sheinbaum mientras que los opositores buscan aviones en el cielo de la U.S. Army.

No existe fórmula mágica para detener la manipulación de la subjetividad. Pero hay herramientas como la educación mediática, promoción del pensamiento crítico, transparencia de algoritmos y reglas claras para la publicidad política digital. Cuando ciudadanos, periodistas, académicos y políticos comprendamos que la comunicación no es neutra sino constitutiva de subjetividades, solo entonces, podremos resistir las tácticas que buscan fragmentar nuestra percepción y, con ello, nuestra cohesión social y política.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.

JAIME CONTRERAS HUERTA

jcontrerash44@gmail.com

Maestro en Historia por el colegio de San Luis A.C. y Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

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