Los Expedientes del Imperio
Por Jaime Contreras Huerta
Davos 2026: entre rivalidades, desconfianza e incertidumbre
Desde 1970, en el mes enero, el Foro Económico Mundial (FEM), también llamado Foro de Davos, reúne a reconocidos líderes políticos, empresariales, académicos y de la sociedad civil para debatir los desafíos globales urgentes a nivel mundial; con el objetivo de fomentar la cooperación pública y privada para mejorar el mundo, así como como impulsar soluciones sostenibles e inclusivas ante crisis económicas, geopolíticas y medioambientales.
El foro de Davos es considerado como un termómetro del estado del mundo. En el presente año, más que medir la temperatura, el Foro Económico Mundial confirmó el diagnóstico sobre que el sistema internacional atraviesa una crisis geoestratégica profunda, marcada por incertidumbre, fragmentación y una competencia abierta por el poder. No hubo grandes anuncios ni consensos históricos. En cambio, lo que si hubo fue una sensación, que, desde mi parecer, es que el orden global que conocimos ya no existe, y el nuevo aún no termina de nacer.
Davos 2026, se presentó bajo el lema de “Un espíritu de diálogo”, pero lo que predominó fue la existencia de un mundo que está a la defensiva, en gran medida, porque estados y organismos multilaterales discutieron menos sobre cooperación global y más sobre resiliencia, soberanía y protección de intereses estratégicos. Según los expertos, uno de los puntos más reiterados fue la confrontación geoeconómica como riesgo central del corto plazo. El propio Informe de Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial ubicó este fenómeno por encima de los conflictos armados y de los eventos climáticos extremos, debido a que la situación de los aranceles, sanciones, subsidios industriales, control de tecnologías críticas y presión sobre cadenas de suministro se han convertido en armas políticas y la economía dejó de ser un espacio neutral para convertirse, en el presente, en un campo de batalla.
Estados Unidos apareció en Davos como el actor que marca el ritmo de la nueva realpolitik económica caracterizada por su estrategia de presión comercial, controles tecnológicos, sobre todo en materia de inteligencia artificial, semiconductores y uso abierto de sanciones que controlan las reglas del juego. China fue presentada como rival sistémico y como pieza indispensable para evitar un colapso mayor. Lo que antes se evitaba decir en voz alta, ahora se evidenció para poner sobre la mesa que la competencia entre Washington y Pekín regula la estructura del sistema internacional. Como se esperaba, Europa llegó al Foro con una preocupación evidente, no era otra sino la de no quedar atrapada entre las dos grandes potencias. Las fuentes en la Web señalan que el discurso de la “autonomía estratégica” de la Unión Europea fue recurrente, aunque más aspiracional que real, ya que la guerra en Ucrania, la dependencia energética y el rezago tecnológico pesan sobre una región que intenta preservar su modelo social en un entorno cada vez más hostil. En este contexto, Rusia estuvo presente como imagen de fondo permanente. No tanto por su peso económico, sino por su capacidad de desestabilización geopolítica.
El Sur Global ocupó un lugar incómodo pero relevante. Líderes de América Latina, África y Asia insistieron en que la fragmentación del comercio y la competencia tecnológica profundizan desigualdades históricas. En un mundo de bloques, los países no alineados corren el riesgo de quedar excluidos de inversiones, innovación y financiamiento. Aunque Davos escuchó estas advertencias no ofreció respuestas estructurales claras.
Otro eje central fue la inteligencia artificial, que no se abordó como una promesa tecnológica, sino como infraestructura crítica de poder donde Estados Unidos y China compiten por el liderazgo; Europa, por su parte, intenta regular sin quedarse atrás y el resto del mundo solo es un observador con preocupación sobre una carrera que puede ampliar brechas económicas y sociales. Aunque en Davos se habló de ética, regulación y productividad, una pregunta flotó en el aire: ¿quién controlará las palancas del crecimiento en la próxima década?
Si algo dejó claro Davos 2026 es que no estamos ante una crisis coyuntural, sino ante un cambio estructural del orden mundial. Ya no se debate cómo restaurar la globalización, sino cómo gestionar una fragmentación que llegó para quedarse. La cooperación existe, pero aun es selectiva; el multilateralismo sobrevive, pero debilitado y la incertidumbre se ha convertido en la condición clave de la política global. El Foro de Davos no ofreció soluciones, pero hubo una avalancha de señales El mundo en 2026 avanza entre rivalidades, desconfianza y ajustes estratégicos donde la incertidumbre ya no es la excepción, es el nuevo punto de partida.
Para México, Davos 2026, tiene un mensaje especialmente relevante. Nuestro país ya no es un actor periférico en esta reconfiguración del poder global, en gran medida, porque la rivalidad entre Estados Unidos y China, la fragmentación de las cadenas de suministro, la relocalización industrial y la disputa por tecnologías estratégicas colocan a México en una posición llena de oportunidades, pero también de riesgos porque el nearshoring ocurre en un entorno de alta incertidumbre sobre que geopolítica, donde depender excesivamente de un solo polo de poder puede convertirse en vulnerabilidad.
Davos deja claro que el margen de maniobra para países como México dependerá sobre todo de capacidad estratégica, diversificación económica y lectura realista del mundo, en un escenario donde la geopolítica vuelve a subordinar a la economía Davos 2026 no dictó el futuro, pero sí lanzó una advertencia clara, que desde mi interpretación es que país que no comprenda la nueva lógica del poder global, terminará pagándola en crecimiento, estabilidad y soberanía.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.
JAIME CONTRERAS HUERTA
Maestro en Historia por el colegio de San Luis A.C. y Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.