Los Expedientes del Imperio

Por Jaime Contreras Huerta
Los traidores a la Patria del segundo Imperio
Los mexicanos que apoyaron la esperanza de que una figura extranjera como Maximiliano gobernara México, fueron duramente criticados por muchos ciudadanos de entonces, especialmente por los liberales y republicanos que defendían la soberanía nacional y la república instaurada luego de la independencia. Estos sectores, también tildaron a los conservadores, que promovieron y apoyaron la intervención extranjera francesa, como traidores a la patria.
La delegación de conservadores que viajó al palacio de Miramar, hoy en Trieste, Italia, para ofrecer a Maximiliano de Habsburgo la corona mexicana fue denominada la "Junta de los Notables" y fue señalada como un grupo de traidores entreguistas. El repudio público hacia ellos fue severo, muchos enfrentaron, años más tarde, el exilio, la pérdida de propiedades, marginación política y el desprecio social. Se les señaló de haber traicionado los ideales de la independencia de México y de actuar contra los intereses patrios al apoyar un régimen impuesto por una potencia extranjera.
La historiografía explica que los conservadores monarquistas percibían que México era un país "inadecuado para la democracia" debido a la gran desigualdad social y se oponían a que el poder residiera en el pueblo, ya que las élites podrían aprovecharse de las clases bajas. Por ello, buscaban un gobierno monárquico encabezado por una familia europea, que fuera católica y bien preparada. Este tipo de gobierno era visto como la esperanza para una gobernabilidad duradera, La idea de una monarquía constitucional también era vista por algunos como una forma de "modernizar" el país y asegurar la inversión extranjera.
Las principales motivaciones y objetivos de los conservadores en el siglo XIX fueron diversas, pero se centraron en la búsqueda de estabilidad política, el mantenimiento del orden social tradicional y la protección de los intereses de la Iglesia Católica en México. Los ideales monárquicos, en su mayoría asociados con el Partido Conservador, se oponían firmemente a las ideas liberales que buscaban establecer un estado laico, limitar el poder de la Iglesia y fomentar la propiedad individual sobre la comunal. Consideraban que la Constitución de 1857 era "insana y opuesta a las tradiciones y costumbres del pueblo mexicano".
Un objetivo medular era preservar el catolicismo como la única religión del Estado mexicano y mantener los privilegios de la Iglesia católica y su influencia en los asuntos públicos, los fueros eclesiásticos, y la posesión de bienes y riquezas. Las Leyes de Reforma, como la Ley de Desamortización y la Ley de Nacionalización de Bienes Eclesiásticos, fueron vistas como una agresión directa a la Iglesia, lo que impulsó a los conservadores a buscar una intervención extranjera. Respecto a la Iglesia católica, la jerarquía eclesiástica mexicana apoyó con entusiasmo la llegada del Imperio y a Maximiliano, viéndolo como un defensor de la religión católica y de los privilegios que la Iglesia había perdido tras las reformas liberales.
En cuanto a los hacendados, ellos fueron factor clave del sector conservador e impulsor de la llegada de Maximiliano para proteger sus intereses económicos y sociales. Los grandes terratenientes deseaban un gobierno fuerte que garantizara la estabilidad política y la protección de la propiedad privada, en un contexto donde, según ellos, las reformas liberales amenazaban con despojar de tierras a la Iglesia y a la clase social tradicional. Por eso apoyaban la llegada de Maximiliano y del régimen imperial con la esperanza de preservar el orden social, su estatus y sus privilegios económicos, ya que veían a un gobierno extranjero como el sistema capaz de garantizar la paz y la seguridad para sus propiedades y negocios agrícolas.
Los conservadores mexicanos, tachados de traidores, por apoyar a Maximiliano y el Imperio sufrieron sanciones políticas, sociales y legales tras la restauración de la República encabezada por Benito Juárez. Entre las sanciones legales y consecuencias más destacadas estuvieron el exilio forzado, por lo que muchos conservadores fueron expulsados del país o se vieron obligados a exiliarse temporal o permanentemente para evitar represalias. Se les confiscaron bienes y tierras, especialmente cuando se les consideraba colaboradores de la intervención extranjera.
Algunos enfrentaron cargos por traición a la patria o delitos similares relacionados con su apoyo a un régimen impuesto por extranjeros, aunque la aplicación fue desigual y en muchos casos más simbólica. Los conservadores perdieron privilegios políticos, fueron apartados de cargos públicos y repudiados socialmente por apoyar la monarquía y la ocupación extranjera, sufrieron un castigo severo en términos de exclusión política, pérdida económica y exilio, en tanto que los procesos legales específicos por traición a la patria fueron menos frecuentes o más simbólicos, y la condena más fuerte fue de índole política y moral.
Incluso tras la caída del Imperio y la ejecución de Maximiliano, la memoria de los traidores a la patria fue estigmatizada como una traición a México. Los liberales usaron esta imagen para legitimar la República y condenar la monarquía como un anacronismo impuesto ilegítimamente, y si bien, hubo defensores posteriores de Maximiliano que intentaron justificar el apoyo como un acto patriótico para estabilizar el país y evitar guerras, esta visión fue minoritaria frente a la condena general por entreguismo. La mayoría de los mexicanos criticó a quienes apoyaron a Maximiliano y los marcó como traidores por favorecer la intervención extranjera y poner en riesgo la soberanía nacional, Así, o más claro, Lily… o te lo explico en el sinfín de tu ignorancia

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.

JAIME CONTRERAS HUERTA
Maestro en Historia por el colegio de San Luis A.C. y Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.