La historia en las monedas
El Cacao como premoneda en la América precolombina
Por Emonedin
¡Hola mis amigos de emonedin! Como ustedes saben yo me intereso en todo tipo de monedas y viajo en busca de ellas… y en esta ocasión nos iremos al país del mariachi, del tequila y sobre todo de los famosos tacos, y si mis amigos, nos iremos a México lindo y querido…!! Que en esta ocasión nos trae la moneda más deliciosa del mundo y que se utilizaba para comprar y eventualmente servía para preparar un brebaje caliente que era llamado Xocolatl.
Imaginen por un momento que van a pagar el café de esta mañana, no con monedas o billetes, sino con una tableta de chocolate. Suena a juego de niños, ¿verdad? Pues hace quinientos años, en el vasto imperio azteca y maya, eso no era un juego: era la realidad más cotidiana. Porque antes de ser un placer, el cacao fue dinero.
Sí, hablo de esas mismas semillas que hoy tostamos, molidas y convertidas en nuestro ansiado chocolate. Para los mesoamericanos, los granos de cacao eran tan valiosos que funcionaban como una auténtica moneda de curso legal. Y no era una moneda simbólica: era tangible, contable y universalmente aceptada.
Los cronistas españoles del siglo XVI se asombraron al ver cómo en los mercados de Tenochtitlán –la actual Ciudad de México– se podía comprar de todo usando granos de cacao. Por ejemplo, con 100 granos se podía comprar un conejo vivo o un esclavo. Con 10 granos, te daban una buena ración de tamales. Y con 3 o 4, un huevo de pavo o una fruta madura.
Incluso había falsificadores. Así como hoy alguien puede falsificar un billete, entonces sacaban las semillas, las rellenaban con barro o cáscaras de aguacate, y las pintaban para que parecieran cacao auténtico. ¡El primer fraude monetario de América!
¿Y por qué el cacao? Porque cumplía las funciones básicas de una moneda: era escaso –sólo crecía en ciertas regiones–, duradero si se protegía de la humedad, divisible –podías pagar con un grano suelto–, y, lo más importante, tenía un valor intrínseco: se podía beber. El xocolatl, la bebida de los dioses y los guerreros, era tan apreciada que su materia prima era deseada por todos.
Además, el cacao tenía un poder adquisitivo real. Los tributarios pagaban sus impuestos al imperio azteca en sacos de granos. Los ejércitos recibían su paga en cacao. Era, literalmente, el "dinero que crecía en los árboles".
Hoy, el cacao ha perdido su función como moneda, pero ha ganado otra: es sinónimo de placer, celebración y hasta de salud. Sin embargo, cada vez que rompemos una onza de chocolate amargo, tal vez deberíamos recordar que entre nuestras manos tenemos un pedazo de historia económica.
El cacao nos enseña que el dinero, al fin y al cabo, no es más que un objeto en el que depositamos confianza. Y si en el pasado esa confianza estaba en unas semillas amargas, hoy está en números en una pantalla. ¿No es fascinante que algo tan humilde como un grano de cacao pudiera comprar un imperio?
Así que la próxima vez que disfruten un chocolate, recuerden: están saboreando la moneda más dulce que jamás haya existido.
Bueno mi querido amigo y/o amante de la numismática, me gustaría recibir tus comentarios por lo que te dejo mi correo electrónico.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.
Emonedin
Es Ingeniero Químico egresado de la BUAP. Comenzó como Ingeniero de Calidad y Validación trabajando para Pfizer-Capsugel en el estado de Puebla para después emigrar a Canadá en donde trabaja como especialista en alimentación desde hace ya 20 años. Actualmente estudia en la UPAEP la carrera de Filosofía y escribe para Ajedrez Político SLP.