El Alfil Negro
LA GUERRA POTOSINA DEL FUTBOL
Por Ramón Ortiz Aguirre
«Mendaci neque cum vera dicit creditur»
(Al mentiroso nadie le cree, ni siquiera cuando dice la verdad)
Cicerón
Desde hace ya varias semanas, los potosinos hemos escuchado una mentira recurrente. Un engaño que en ocasiones es manifestado por el gobernador y otras por el presidente municipal. Consecuentemente, estas falacias son replicadas por integrantes de sus respectivos equipos de trabajo. En esto se han esforzado al máximo las titulares de Turismo de ambos gobiernos: insisten en decirnos que nuestra ciudad será "sede" del Mundial de futbol que se jugará en tres diferentes países: México, Canadá y los Estados Unidos.
Claro que eso es falso. Ni San Luis Potosí capital ni ninguno de los 59 municipios del estado fueron considerados por la FIFA como sede de la gesta futbolera que se repite cada cuatro años. A pesar de la mentira, las autoridades sacan números alegres, no sé de dónde ni con qué fundamento, y anuncian que los hoteles estarán ocupados a su máxima capacidad. Aseguran que la industria restaurantera tendrá un repunte nunca visto, ya que la gran afluencia de turistas buscará saciar su hambre con los exquisitos manjares que solo se preparan por estos lares. Prometen que las carreteras que cruzan el estado y el aeropuerto estarán a su máxima capacidad. Es decir, nos pintan un panorama maravilloso que ya quisieran tener la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey; ciudades en las que, de verdad, se celebrarán algunos de los encuentros futboleros auspiciados por la FIFA.
Cuando escribo esta colaboración, ya nada más faltan 25 días para el inicio de este torneo de balompié y en ningún lado hablan de San Luis Potosí como una sede alterna. Para empezar, no contamos con un recinto que reúna las características exigidas para ser un estadio de primer mundo. Pero, en fin, las mentirijillas y los sueños futboleros del gobernante estatal y del alcalde capitalino no tienen medida ni apego a la realidad. Eso sí, cada uno de estos personajes están inmersos en un enfrentamiento para ver quién lleva más agua a su molino con el tema mundialista. No lo hacen por la pasión deportiva, ¡para nada! Ellos son personas a las que poco o nada les interesa el llamado “juego del hombre”, como lo llamaba Ángel Fernández, leyenda del comentario deportivo. Lo único que les interesa es el poder.
La animosidad entre ambos personajes es histórica. Por ésta, ya hemos sido víctimas de la “guerra del agua”, por la que la población ha padecido sed en amplios sectores. Pero su pleito privado lo hemos vivido en todos los terrenos posibles. Por ejemplo, lo vimos el conflicto del ambulantaje, cuando uno u otro gobierno manipula a los comerciantes para que ocupen espacios donde se habrá de desarrollar alguna actividad. Padecemos la presencia de sus respectivas direcciones de Protección Civil clausurando sitios que no son de su competencia. La próxima batalla se dará en un imaginario campo de futbol y ya comenzaron los primeros roces, yendo mucho más allá de las declaraciones aventureras de "impulso al turismo".
El maestro Enrique Galindo dio la patada inicial frente a un atónito público cuando anunció el reparto, totalmente gratis, de álbumes y estampillas Panini en las instalaciones de la Unidad Administrativa Municipal. Enseguida dio un pase por la banda izquierda y estableció fechas específicas para el canje de las estampitas repetidas; la gente, feliz, coreaba desde la tribuna. Luego tuvo un desplazamiento hasta el centro del área chica y allí, luciendo orgulloso la carísima playera de la Selección Nacional, clavó un gol de chilena: anunció que la "sede mundialista" sería en varios escenarios, el más grande en la Plaza de los Fundadores.
Fue entonces cuando el respetable público, de pie, aplaudió la brillante serie de jugadas y el estupendo gol, que solo es comparable con alguna anotación de Messi o Cristiano Ronaldo. Como respuesta, ante esta abrumadora forma de manejar el balón y ganarse las simpatías del público, el equipo verde de la "gallardía" comenzó a cerrar filas. Decidieron jugar con un solo delantero apodado el "Pollo" Gallardo, dejando a los demás integrantes jugando tras la línea del medio campo. Ese equipo, especialista en el juego sucio y con el lema de “pasa el balón, pero no el hombre”, logró filtrar un pase por la banda derecha para conseguir que el silbante marcara penal a su favor.
Gallardo se enfiló y pateó la pelota con una furia inusitada. Anunció que él repartiría más álbumes Panini y que no serían como los que sus contendientes entregaron: ¡los suyos serían de pasta dura! Por supuesto, se acompañarían con las respectivas estampitas, todo dentro de una caja de cartón que contiene una despensa básica. El reparto sería en el Palacio de Gobierno. Ni tardos ni perezosos, los miembros de la "barra brava" verde, integrada por puros ahijados, se formaron desde la madrugada para recibir lo prometido.
La defensa central frenó otro avance de los verdes y mandó un pase a la media cancha. Allí, con un contragolpe genial, le dieron el balón al capitán del equipo, el maestro Galindo. Él, matándola con el pecho, la bajó y, tras dos gambetas mágicas, lanzó un trallazo que no lo hubiera parado ni Memo Ochoa: con ese golazo anunció que la "sede mundialista" se confirmaba, en efecto, en la Plaza de los Fundadores.
La "gallardía" rodeó al árbitro, levantaron la voz y exigieron que se verificara la jugada. Pidieron que se les aplicara la misma regla que siempre le aplican al América para que le marcaran un penalti a su favor, además de anular el tanto marcado por Galindo. La jugada se evaluó en el VAR. Entonces, el árbitro del encuentro, quien curiosamente portaba el gafete de Protección Civil, decretó que no se podría tener como sede la Plaza de los Fundadores, ya que presenta "fallas estructurales severas". Por lo tanto, el equipo del jersey verde, los "pollos salvajes", se van con su sede al Estadio Alfonso Lastras. A los comandados por Enrique Galindo no les quedó más que conformarse, recoger su balón y tomar camino, tal vez, a alguna unidad deportiva o al Parque Tangamanga I. Eso sí: tendrían que pagar por el uso de la cancha y el arbitraje.
Mientras ellos siguen en su pleito de ver cuál es el "gobierno sede" de la Copa del Mundo, yo ya compré mi suscripción para ver todos los juegos del Mundial desde la comodidad de mi casa, y todo por menos de 500 pesos. Allí veré hasta dónde llegan los pupilos del “Vasco” Aguirre. Porque, han de saberlo, los Aguirre no nos conformamos con cualquier cosa.
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Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.
RAMÓN ORTIZ AGUIRRE
Originario del Centro Histórico de San Luis Potosí, Profesor Investigador de la Facultad de Ingeniería de la UASLP y Jefe de la División de Difusión Cultural de la misma institución, actualmente jubilado. Especialista en agua y medio ambiente.