Los Expedientes del Imperio

Por Jaime Contreras Huerta

El consumo compulsivo de contenido negativo

Resulta cada vez más normal nuestra constante revisión del teléfono celular para ver información desbordada; y sin darnos cuenta, en cualquier momento, pasamos veinte o treinta minutos deslizando el dedo por una sucesión interminable de tragedias, crisis, violencia, conflictos políticos y advertencias alarmantes. Cuando levantamos la vista, la sensación es que el mundo parece estar al borde del abismo. A esa práctica se le dio el nombre de doomscrolling, el consumo compulsivo de contenido negativo, especialmente en redes sociales que, nos mantiene atrapados en una narrativa constante de amenaza. El término doomscrolling se popularizó durante la pandemia de COVID-19, cuando millones de personas buscaban información actualizada en tiempo real y terminaban atrapadas en un flujo incesante de malas noticias.

Este fenómeno es correlacional entre cómo están diseñadas las plataformas digitales y cómo funciona nuestra mente. Diversos análisis psicológicos han señalado que los seres humanos tenemos un “sesgo de negatividad” cuando prestamos más atención a los estímulos amenazantes que a los neutros o positivos, porque evolutivamente detectar el peligro aumentan nuestras probabilidades de supervivencia. En pocas palabras: el cerebro prioriza lo alarmante.

Las redes sociales y los sitios de noticias operan bajo una lógica de economía de la atención. Sus algoritmos privilegian el contenido que genera interacción con clics, comentarios, reacciones y está ampliamente documentado que las emociones intensas, como el miedo o la indignación, incrementan la participación. La consecuencia es que el contenido negativo no solo circula, sino que se amplifica.

Es importante reflexionar que no se trata de negar la realidad de los hechos. Las crisis existen, la violencia es real y Los conflictos políticos son hechos. Sin embargo, lo que llama mi atención es la proporción y la frecuencia con que estos eventos aparecen en nuestro espacio digital en comparación con los datos oficiales y las probabilidades objetivas.

Por ejemplo, hace unos días, con el abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho; se desató una intensa campaña de desinformación en redes sociales. El gobierno mexicano identificó entre 200 y 500 publicaciones falsas destinadas a amplificar la violencia y generar pánico. Incluyeron imágenes y videos generados con IA de operaciones policiales y disturbios, audios falsos donde "El Mencho" supuestamente acusaba a figuras públicas, y narrativas de caos generalizado para desprestigiar al gobierno. El CJNG y cuentas afines usaron estas tácticas para sembrar miedo y simular control nacional.

La psicología cognitiva, explica que tendemos a estimar la probabilidad de un evento en función de qué tan fácilmente lo recordamos. Si en las redes aparecen diez noticias sobre asaltos en una hora, la percepción subjetiva es que el riesgo es inminente, aunque las estadísticas oficiales puedan mostrar tendencias distintas o variaciones regionales específicas.

En mi experiencia como observador del ecosistema mediático, veo un doble movimiento preocupante. Por un lado, ciudadanos cada vez más ansiosos, convencidos de que todo empeora de manera irreversible. Por otro, una sobrecarga informativa que reduce la capacidad de análisis crítico. El scroll infinito, se refiere a la acción de deslizar el dedo hacia arriba, abajo, o lateralmente para visualizar información que no está visible e inicialmente sustituye nuestra reflexión. En una democracia sana, el acceso a información es un derecho y una necesidad. El problema es cuando informarse se convierte en una espiral compulsiva que magnifica la percepción de amenaza constante.

Hay una diferencia fundamental entre estar bien informado y estar permanentemente alarmado. El doomscrolling genera la ilusión de que el peligro está en todas partes y todo el tiempo. Pero el entorno digital no es un espejo neutro de la realidad; es un espacio mediado por algoritmos que priorizan lo emocionalmente intenso. La frecuencia con que vemos ciertos hechos en nuestras pantallas no equivale a su frecuencia estadística en la vida cotidiana.

Para los expertos en el tema, esta distorsión tiene implicaciones cívicas. Una ciudadanía que percibe el mundo como permanentemente hostil puede volverse más receptiva a discursos basados en el miedo puede demandar soluciones inmediatas sin analizar evidencia, puede desconfiar de datos oficiales simplemente porque su experiencia digital contradice su experiencia directa; también tiene implicaciones personales porque vivir en estado de alerta continua erosiona el bienestar, la ansiedad sostenida reduce la capacidad de deliberar con serenidad y paradójicamente, la saturación de malas noticias puede llevar al agotamiento y a la desconexión total.

Debemos aprender a diferenciar entre la realidad de los hechos y la arquitectura emocional de nuestras plataformas. Quizá la pregunta que deberíamos si nuestro consumo informativo está equilibrado. ¿Consultamos fuentes diversas? ¿Contrastamos datos oficiales? ¿O simplemente seguimos deslizando el dedo en busca de la siguiente alerta?

El doomscrolling es el resultado de una interacción entre diseño tecnológico y vulnerabilidades humanas. Pero reconocerlo es el primer paso para evitarlo. Yo mismo he tenido que imponer límites: horarios específicos para informarme, selección consciente de medios, pausas digitales. No como un acto de evasión, sino como una forma de preservar la lucidez. Porque, al final, la democracia necesita ciudadanos informados, no ciudadanos paralizados por el miedo. Y eso implica algo tan simple y tan complejo como aprender a detener el doomscrolling aun cuando políticos inmorales insistan en las redes con narrativas de que vivimos en un país que se cae a pedazos por la violencia, la inseguridad, la dictadura; la crisis económica y otras tantas de sus fantasías.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Ajedrez Político SLP.

JAIME CONTRERAS HUERTA

jcontrerash44@gmail.com

Maestro en Historia por el colegio de San Luis A.C. y Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

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